La empresa firmó un acuerdo con el Pentágono que permite adaptar sus sistemas a necesidades de defensa, mientras empleados y expertos advierten por riesgos éticos y de seguridad.
Google firmó un nuevo acuerdo con el Departamento de Defensa de Estados Unidos que habilita el uso de sus modelos de inteligencia artificial para “cualquier fin gubernamental legítimo”. La decisión ubica a la compañía dentro de un grupo de grandes tecnológicas que ya colaboran con tareas vinculadas a la seguridad nacional.
El convenio representa una actualización de un contrato previo, valuado en hasta 200 millones de dólares, mediante el cual la firma presta servicios a áreas estratégicas del Pentágono. Desde la empresa aseguraron que se trata de un aporte dentro de un “consorcio amplio” de compañías que brindan infraestructura tecnológica al gobierno estadounidense.
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Uno de los puntos más sensibles del acuerdo establece que Google deberá adaptar la configuración y los filtros de seguridad de sus sistemas de IA para responder a las necesidades operativas del Estado. Esto implica que la empresa podría ajustar sus propias restricciones técnicas en función de requerimientos militares.
Según trascendió, el documento incluye una cláusula que prohíbe el uso de la inteligencia artificial para vigilancia masiva interna o armas autónomas sin supervisión humana. Sin embargo, también limitaría la capacidad de la empresa para vetar decisiones del gobierno, lo que genera dudas sobre el alcance real de esas restricciones.
La medida generó fuerte preocupación dentro de la propia compañía. Más de 600 empleados firmaron una carta dirigida al CEO Sundar Pichai en la que solicitaron frenar la colaboración en proyectos clasificados. En el documento advierten que estos sistemas “pueden centralizar el poder y cometer errores”, además de ser potencialmente utilizados con fines dañinos.
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El debate no es exclusivo de Google. Empresas como OpenAI y xAI también avanzaron en acuerdos similares con el Pentágono, mientras que Anthropic adoptó una postura más restrictiva y mantiene tensiones con el gobierno estadounidense por negarse a flexibilizar sus políticas.
En paralelo, crecen las advertencias sobre el uso de inteligencia artificial en contextos militares. Especialistas y trabajadores del sector sostienen que la falta de controles claros podría derivar en aplicaciones sensibles, como vigilancia masiva o desarrollo de sistemas autónomos, con consecuencias difíciles de prever.
El avance de estos acuerdos marca un cambio en la relación entre las grandes tecnológicas y los Estados. Mientras los gobiernos buscan incorporar IA a sus estrategias de defensa, el eje del debate se traslada hacia quién define los límites éticos y legales de estas herramientas en escenarios cada vez más complejos.
Con información de WIRED.


