Meta avanza en su estrategia de automatización con inteligencia artificial y deja en riesgo a más de 700 trabajadores en Irlanda que se encargaban de entrenar sus sistemas. Los afectados pertenecen a la empresa Covalen, un contratista con sede en Dublín que presta servicios de moderación y etiquetado de contenidos.
Según documentos revelados, gran parte de estos empleados —especialmente los llamados anotadores de datos— tenían la tarea de evaluar y corregir el comportamiento de los modelos de IA, asegurando que cumplan con las normas de seguridad y eviten contenido peligroso o ilegal.
El recorte fue comunicado en una breve reunión virtual y responde, según la empresa, a una “reducción de la demanda y de los requisitos operativos”. Sin embargo, el contexto es claro: Meta anunció recientemente un fuerte incremento en su inversión en inteligencia artificial y la intención de reducir su dependencia de proveedores externos.
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La paradoja es evidente: muchos de los trabajadores despedidos estaban entrenando sistemas que ahora podrían reemplazarlos. Su labor incluía desde validar respuestas hasta simular situaciones complejas para mejorar los filtros de seguridad de la IA.
Esta no es la primera reducción de personal en Covalen. En noviembre ya se había anunciado otro recorte significativo, lo que implica que la plantilla en Dublín podría reducirse prácticamente a la mitad en pocos meses.
Desde los sindicatos advierten sobre el impacto creciente de la IA en el empleo y cuestionan el modelo de las grandes tecnológicas. Señalan que los trabajadores que ayudaron a construir estos sistemas están siendo desplazados sin garantías ni transición laboral clara.
El caso refleja una tendencia más amplia: la inteligencia artificial ya no solo transforma industrias, sino que también redefine el mercado laboral en tiempo real, generando tensiones entre eficiencia tecnológica y empleo humano.
Con información de Wired


