Investigadores del CONICET y la Fundación Instituto Leloir descubrieron cómo la bacteria Brucella regula su consumo de energía dentro de las células para multiplicarse con mayor eficacia.
Un equipo del CONICET y de la Fundación Instituto Leloir (FIL) logró describir una estrategia molecular que utiliza la bacteria Brucella para optimizar su replicación dentro de las células del sistema inmune. El hallazgo, publicado en la revista Scientific Reports, identifica un posible blanco terapéutico para el desarrollo de tratamientos contra infecciones agudas de brucelosis.
El estudio fue liderado por la investigadora Angeles Zorreguieta y el científico Rodrigo Sieira, junto al becario doctoral Gastón Amato, en el ámbito del Instituto de Investigaciones Bioquímicas de Buenos Aires (IIBBA). Los especialistas demostraron que dos proteínas de Brucella, denominadas Mur y Fur4, actúan como sensores de hierro y manganeso en el interior celular.
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Cuando la bacteria detecta la presencia de estos metales en un entorno favorable —como el retículo endoplasmático de la célula huésped—, las proteínas envían una señal para “apagar” los genes que codifican factores de virulencia. De este modo, el patógeno reduce el gasto energético destinado a evadir defensas y concentra sus recursos en la multiplicación, consolidando la infección.
Los experimentos revelaron que, en cepas modificadas que carecen de Mur y Fur4, los genes de virulencia permanecen activos por más tiempo, lo que confirma el rol regulador de estos sensores metálicos. El mecanismo conecta la homeostasis de metales con la adaptación intracelular, un proceso clave para la supervivencia bacteriana en ambientes inicialmente hostiles.
La brucelosis es una zoonosis que afecta al ganado bovino, caprino y porcino, y se transmite a humanos, generando síntomas como fiebre, sudoración, fatiga y dolores musculares. Se estiman alrededor de 500 mil casos anuales en el mundo. Comprender cómo Brucella decide encender y apagar su maquinaria de ataque podría permitir diseñar fármacos capaces de interferir con esos sensores y frenar la progresión de la enfermedad.
Fuente: Conicet.


