Los productos con baba de caracol, utilizados para reparar la piel dañada, han ganado popularidad más allá de las redes sociales.
Desde la antigua Grecia hasta la década de 1980 en Chile, la baba de caracol se usaba para combatir inflamaciones tópicas y suavizar la piel. Su popularidad creció en Sudamérica después de que criadores de caracoles notaran sus efectos positivos.
Los caracoles de jardín, en particular, producen una baba rica en antioxidantes, vitaminas A y E, y péptidos que estimulan la producción de colágeno. Estos elementos ayudan a reparar la piel, retener la humedad y reducir los signos de envejecimiento.
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Más allá del cuidado de la piel, la baba de caracol ha mostrado propiedades antibacterianas, antifúngicas y cicatrizantes. Estudios indican que puede ayudar a tratar heridas, quemaduras e incluso podría tener propiedades anticancerígenas.
Cada tipo de baba de caracol tiene propiedades únicas, como rigidez y pegajosidad, relacionadas con su función natural. Aislar y sintetizar estas moléculas para uso comercial es un desafío debido a la complejidad de las interacciones entre ellas.
Expertos sugieren que la baba de caracol podría tener aplicaciones en la medicina, actuando como pegamento reparador de heridas, adhesivo natural en bioingeniería y facilitador de la absorción de fármacos.
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La calidad de los productos de baba de caracol puede variar debido a factores como las prácticas de alimentación y cría de los caracoles, así como la forma de recolección de la baba.
Se están desarrollando colirios utilizando extracto de moco de caracol para tratar la sequedad ocular, aprovechando la lubricación natural de los caracoles.
A pesar de su popularidad, se necesitan más ensayos clínicos a gran escala para respaldar algunos de los supuestos beneficios de la baba de caracol y comprender mejor sus principios activos.
FUENTE: NATIONAL GEOGRAPHIC.


