El régimen mantiene un bloqueo casi absoluto de la red desde el 8 de enero, mientras organizaciones internacionales advierten que la medida busca ocultar el alcance de la violencia contra las protestas. El corte afecta gravemente a la economía, las comunicaciones y la vida cotidiana.
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Irán atraviesa su segunda semana consecutiva bajo un bloqueo casi total de internet, una medida impuesta por el régimen teocrático en medio de una ola de protestas que sacudieron al país a comienzos de enero. Organizaciones de monitoreo de la red y de derechos humanos sostienen que el apagón digital apunta a restringir el flujo de información, impedir la difusión de imágenes de la represión y dificultar la verificación independiente de lo que ocurre en las calles.
La organización NetBlocks confirmó que ya se cumplieron 14 días de interrupción a escala nacional. Según sus mediciones, los niveles de conectividad se mantienen prácticamente sin cambios, con apenas un leve repunte en redes autorizadas por el propio gobierno. En los últimos días se detectaron accesos esporádicos al exterior, lo que sugiere que las autoridades estarían ensayando un sistema de “listas blancas” que permite ingresar solo a sitios y servicios previamente aprobados.
El bloqueo comenzó la noche del 8 de enero, cuando las protestas, iniciadas por comerciantes afectados por la fuerte depreciación del rial, derivaron en consignas abiertamente contra la República Islámica. Las movilizaciones alcanzaron su punto máximo entre el 8 y el 9 de enero, con una respuesta masiva de las fuerzas de seguridad en distintas ciudades
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Esta semana, el régimen difundió por primera vez un balance oficial de víctimas. La Fundación de Mártires y Veteranos informó que 3.117 personas murieron durante los disturbios, aunque atribuyó gran parte de los fallecimientos a miembros de las fuerzas de seguridad y civiles ajenos a las protestas. Organizaciones de derechos humanos cuestionaron esas cifras y denunciaron que la mayoría de las muertes habrían sido provocadas por disparos directos contra manifestantes, con estimaciones que elevan el número real de víctimas a varios miles más.
El apagón digital también tiene un fuerte impacto económico. Con el acceso a internet global bloqueado, millones de iraníes solo pueden utilizar una red interna controlada por el Estado, donde funcionan servicios locales y medios oficiales. Redes sociales y aplicaciones de mensajería internacionales, claves para el comercio informal y la comunicación cotidiana, permanecen fuera de servicio.
Comerciantes y trabajadores relatan pérdidas severas. Vendedores que utilizaban plataformas como Instagram para ofrecer sus productos aseguran que sus ingresos cayeron de forma abrupta, mientras que cafés y pequeños negocios advierten sobre posibles despidos ante el desplome de los pedidos en línea y las fallas en los sistemas de pago.
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Incluso medios estatales reconocieron el deterioro de la actividad, con negocios al borde de la parálisis, cadenas de suministro afectadas y comunicaciones internacionales interrumpidas. Pese a ello, el gobierno sostiene que el costo económico es menor y afirma que algunas grandes empresas conservan acceso a la red global mediante conexiones especiales.
No existe, por ahora, una fecha definida para la restitución del servicio. El viceministro del Interior, Ali Akbar Pourjamshidian, admitió que no está claro cuándo se restablecerá el acceso pleno a internet. A esta situación se suma la intermitencia del sistema GPS, que presenta fallas de localización y complica la movilidad en Teherán y otras grandes ciudades. Mientras tanto, el país continúa prácticamente aislado del mundo digital, en un contexto de fuerte tensión social y denuncias crecientes por violaciones a los derechos humanos.
Fuente: Infobae
Foto: Archivo


