El salario mínimo en Japón aumentó un 5% por segundo año consecutivo y alcanzó los 1.177 yenes por hora, unos 6,50 euros. Sin embargo, el incremento no resulta suficiente para muchos trabajadores que enfrentan dificultades para llegar a fin de mes.
Casi el 40% de los trabajadores japoneses tiene empleos precarios y una parte importante cobra el salario mínimo. La situación afecta especialmente a quienes deben afrontar el aumento del costo de vida con ingresos limitados.
Keiko, un nombre ficticio utilizado por el medio, contó que come solamente dos veces al día por falta de recursos y que continúa viviendo con su madre porque no puede afrontar el costo de un alquiler. “50 yenes más es mejor que nada, pero, a pesar de este aumento, sigo sin poder salir adelante económicamente”, explicó.
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La situación también genera preocupación por el futuro. La madre de Keiko tiene un empleo precario y cobra el salario mínimo, mientras que su hija teme que ambas enfrenten mayores dificultades cuando llegue la jubilación debido al bajo nivel de sus ingresos y pensiones.
El incremento salarial también representa un desafío para algunos empleadores. El dueño de un restaurante que tiene trabajadores que cobran el mínimo señaló que un aumento salarial del 10% en dos años es difícil de afrontar para el flujo de caja, mientras sus ingresos se ven afectados por la inflación y por la menor cantidad de clientes.
El Gobierno japonés, encabezado por la primera ministra Sanae Takaichi, anunció que el salario mínimo no llegará a los 1.500 yenes por hora, unos 8 euros, hasta la década de 2030. Su antecesor, Shigeru Ishiba, había planteado alcanzar ese nivel antes del final de la década de 2020.


