Israel recrudeció en las últimas horas su ofensiva en el sur de Siria, con ataques a infraestructuras militares durante la madrugada del 16 de julio. El ministro de Defensa israelí, Israel Katz, exigió el retiro de las fuerzas sirias de la ciudad de Sweida, epicentro de los combates, y advirtió: “No abandonaremos a los drusos en Siria y aplicaremos la política de desmilitarización que hemos decidido”.
La situación humanitaria es crítica. Desde el 13 de julio, cuando se anunció el despliegue de fuerzas de seguridad sirias, 248 personas han muerto en Sweida, según el Observatorio Sirio de Derechos Humanos, que también acusa al Gobierno sirio de ejecutar a una veintena de civiles drusos. El hospital principal de la ciudad se encuentra colapsado, atendiendo a heridos cada pocos minutos con personal reducido y la ayuda de voluntarios.
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Soldados sirios intentan recuperar el control de la gobernación en medio de la ofensiva israelí. “Un grupo armado nos atacó con morteros sin previo aviso. Vi cómo secuestraban a jóvenes vinculados a la Sûreté générale”, relató un combatiente sirio herido, destacando la falta de treguas o negociaciones.
La ofensiva israelí tiene también un componente político. Katz reiteró que Israel actúa como protector de los drusos, una comunidad con la que mantiene fuertes vínculos en su territorio. Los drusos israelíes sirven obligatoriamente en el ejército, a diferencia de otros árabes israelíes, lo que refuerza su relación con el Estado. Sin embargo, en Siria y en los Altos del Golán anexionados, la comunidad drusa está dividida respecto a sus lazos con Israel.
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Con más de un millón de miembros distribuidos entre Israel, Líbano y Siria, los drusos mantienen una identidad cultural y religiosa cerrada, derivada de una variante del chiísmo. La ofensiva en Sweida no solo reaviva las tensiones militares en la región, sino que profundiza la crisis humanitaria y amenaza con desatar una escalada mayor.
Fuente: RFI.
Foto: Reuters/Avi Ohayon.


