Japón endureció este jueves los requisitos que deben cumplir los extranjeros que buscan obtener la residencia permanente, en el marco de una política del Gobierno orientada a reforzar los controles migratorios.
Las nuevas normas comenzarán a aplicarse por etapas y establecen que los solicitantes deberán demostrar que cuentan con ingresos anuales superiores al promedio y que pueden mantener conversaciones informales en japonés. Las reglas anteriores no fijaban umbrales específicos sobre ingresos, pensiones o conocimientos del idioma.
Además, las tarifas correspondientes a los trámites se multiplicaron por 20 desde este jueves. El aumento provocó una importante concurrencia en las oficinas de inmigración de Tokio, donde cientos de personas intentaron completar sus solicitudes antes de la entrada en vigor de los nuevos valores.
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La modificación se produce mientras Japón enfrenta un rápido envejecimiento de su población y una escasez de trabajadores en distintos sectores. Al mismo tiempo, la oposición a una mayor presencia de extranjeros viene creciendo, especialmente en las redes sociales.
La primera ministra Sanae Takaichi afirmó que algunos ciudadanos expresan «ansiedad y una sensación de injusticia» ante el incremento de residentes extranjeros. En ese contexto, sostuvo que su Gobierno busca promover una «coexistencia ordenada» entre la población japonesa y los extranjeros.
Japón mantiene así un equilibrio entre la necesidad de trabajadores extranjeros frente al descenso de la natalidad y el envejecimiento poblacional, y las demandas de sectores que reclaman mayores controles migratorios. Las nuevas condiciones para la residencia permanente representan uno de los cambios impulsados por el Gobierno en esa dirección.


