Una ejecución fallida en Tennessee volvió a poner bajo discusión la aplicación de la pena de muerte en Estados Unidos y generó nuevos llamados para abolirla. El caso ocurrió cuando una mujer sobrevivió a dos dosis de pentobarbital durante un procedimiento de inyección letal.
El episodio llevó al alto comisionado de la ONU para los Derechos Humanos, Volker Türk, a pedir que Tennessee desista de continuar con la aplicación de la pena capital. Su oficina sostuvo que el sufrimiento provocado por intentos fallidos de ejecución constituye una de las razones para cuestionar este tipo de castigo.
La situación también derivó en una revisión del protocolo utilizado por las autoridades penitenciarias. El gobernador de Tennessee, Bill Lee, ordenó una investigación independiente y suspendió otra ejecución que estaba prevista para diciembre de este año.
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El debate sobre la pena capital abarca tanto el método utilizado para ejecutar las condenas como cuestiones vinculadas con las garantías judiciales y las circunstancias de cada caso. Organizaciones que cuestionan la pena de muerte sostienen que los procedimientos pueden generar sufrimiento y que existe el riesgo de errores irreparables.
En Estados Unidos, la pena de muerte continúa vigente en 27 estados, mientras que otros 23 la abolieron. California, Oregón y Pensilvania mantienen además moratorias sobre las ejecuciones, por lo que actualmente no llevan adelante este tipo de procedimientos pese a conservar la pena capital en sus legislaciones.
Desde 1976, cuando la Corte Suprema restableció la pena de muerte en Estados Unidos, fueron ejecutadas más de 1.600 personas, según datos del Death Penalty Information Center. El caso ocurrido en Tennessee volvió así a instalar la discusión sobre el uso de la pena capital y los pedidos internacionales para avanzar hacia su abolición.


