A pocos días de las elecciones al Senado del 20 de julio, Japón atraviesa un preocupante auge del discurso xenófobo. Partidos populistas como Sanseito, con escasa representación hasta ahora, han centrado su campaña en ataques contra inmigrantes y refugiados.
Aunque representan apenas el 3% de la población, los extranjeros en Japón se han vuelto blanco de acusaciones y discursos de odio. “Es consternante esta deriva xenófoba”, denunció Amnistía Internacional Japón. El primer ministro, Shigeru Ishiba, llamó a una “coexistencia armoniosa”.
Historias como la de Aung, una joven birmana, y Ramazan, un adolescente kurdo apátrida, reflejan el impacto humano de este clima hostil. “Solo pido poder vivir en seguridad y estudiar”, suplicó Ramazan, cuya solicitud de asilo fue rechazada.
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A pesar de que Japón rechaza el 90% de las solicitudes de refugio, los populistas insisten en que los refugiados “ficticios” abusan del sistema. Sanseito, que podría pasar de 2 a más de 10 escaños, se posiciona con un mensaje de “prioridad para Japón”.
Una reciente polémica por la aparición de una candidata de Sanseito en un medio prorruso sembró dudas sobre la neutralidad del partido, que fue rápidamente desmentida por su líder, Sohei Kamiya: “No tenemos alianzas con ninguna potencia”, afirmó.
El oficialismo, debilitado por la inflación y escándalos, podría perder la mayoría parlamentaria. Una derrota el 20 de julio pondría en jaque al gobierno de Ishiba, y sumiría al país en una crisis política sin precedentes desde la posguerra.


