En plena devastación de Gaza, jóvenes músicos continúan tocando y cantando entre las ruinas de su ciudad. Clases improvisadas en tiendas de campaña y edificios dañados permiten que la música clásica y popular palestina siga presente, ofreciendo un refugio emocional frente a la guerra que azota el enclave mediterráneo.
El Conservatorio Nacional de Música Edward Said, fundado hace 13 años, ha adaptado sus enseñanzas a las condiciones extremas, utilizando instrumentos conservados, algunos reconstruidos a mano, y comprando otros a desplazados para que los estudiantes puedan aprender oud, guitarra, ney y percusión. La creatividad y resiliencia de profesores y alumnos permite mantener las clases pese a los bombardeos recientes.
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Muchos jóvenes como Rifan al-Qasas, de 15 años, afirman que la música les da esperanza y los ayuda a sobrellevar el miedo. Incluso tras perder compañeros y la antigua sede del conservatorio, la enseñanza musical sigue expandiéndose a distintos barrios y refugios de la ciudad, llegando a cientos de estudiantes en todo el enclave.
El contexto humanitario es crítico: hambre, fatiga y destrucción afectan la vida cotidiana, y organismos internacionales alertan sobre una hambruna en desarrollo. Aun así, la música sigue siendo un medio de resistencia cultural y un espacio seguro donde los jóvenes palestinos pueden expresarse y proyectar sueños más allá del conflicto.
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Los profesores destacan que las clases son también una forma de preservar la memoria y la identidad cultural. Con cada canción, los estudiantes desafían la guerra y el miedo, demostrando que la creatividad y el arte pueden florecer incluso en los entornos más devastados.
Fuente: Reuters.
Foto:REUTERS/Dawoud Abu Alkas


