Sin superficie sólida, con vientos extremos y temperaturas letales, Júpiter es un misterio fascinante. Su papel como escudo cósmico es clave para la vida en la Tierra.
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Júpiter, el planeta más grande del Sistema Solar, sigue intrigando a los científicos. Sin una superficie sólida, este coloso gaseoso está compuesto principalmente por hidrógeno y helio, lo que hace imposible caminar o aterrizar sobre él. “Es una bola de gas agitada, tormentosa y tremendamente turbulenta”, explica Benjamin Roulston, físico de la Universidad Clarkson, Nueva York.
Los intentos de descender a Júpiter serían letales debido a sus condiciones extremas. Vientos de hasta 640 km/h, presiones que aplastarían cualquier cuerpo y temperaturas que superan los 20.000 °C convierten al gigante en un entorno inhóspito. En su núcleo, donde la presión equivale a tener 100 millones de atmósferas terrestres sobre un solo punto, la materia podría consistir en una mezcla de metal caliente y denso, según las hipótesis más recientes.
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A pesar de estas condiciones adversas, Júpiter cumple un rol crucial como protector de los planetas interiores, incluida la Tierra. Su enorme fuerza gravitatoria desvía asteroides y cometas que, de otro modo, podrían causar extinciones masivas en nuestro planeta.
Mientras tanto, el interés científico también se centra en sus lunas. Europa, una de las principales candidatas para la búsqueda de vida extraterrestre, alberga un océano bajo su capa helada. La NASA ya ha lanzado la sonda Clipper, que llegará a Europa en 2030 para explorar su potencial habitabilidad.
Júpiter, con sus misterios y su rol como guardián del Sistema Solar, sigue siendo una pieza clave para entender tanto nuestro lugar en el cosmos como las condiciones para la vida en otros mundos.
Fuente: TN
Foto: Star Walk


