Especialistas advierten que los síntomas en mujeres suelen ser diferentes a los de los hombres, lo que provoca subdiagnóstico y retrasa el tratamiento de la enfermedad.
Durante años, la apnea obstructiva del sueño fue considerada un trastorno que afectaba principalmente a hombres mayores y con sobrepeso. Sin embargo, investigaciones recientes advierten que millones de mujeres también la padecen, aunque muchas veces no son diagnosticadas debido a que los síntomas suelen manifestarse de forma distinta.
La apnea obstructiva del sueño se produce cuando las vías respiratorias se estrechan o colapsan durante el descanso, provocando interrupciones en la respiración y caídas en los niveles de oxígeno. Estas pausas obligan al cerebro a despertar brevemente al organismo para retomar la respiración, lo que afecta la calidad del sueño y puede generar problemas de salud a largo plazo.
En las mujeres, especialmente durante la perimenopausia y la menopausia, el riesgo aumenta debido a cambios hormonales. La reducción de estrógeno y progesterona puede alterar la regulación respiratoria y favorecer el colapso de las vías aéreas durante el sueño. Estudios indican que las mujeres posmenopáusicas tienen hasta un 57% más probabilidades de presentar síntomas de apnea que aquellas que aún no atravesaron esa etapa.
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A diferencia de los hombres, que suelen presentar ronquidos intensos y somnolencia diurna marcada, las mujeres pueden experimentar señales más sutiles como insomnio, fatiga persistente, cambios de humor, sudores nocturnos o dolores de cabeza al despertar. Estas manifestaciones a menudo se confunden con estrés o con síntomas propios de la menopausia, lo que dificulta su detección.
Especialistas advierten que la falta de diagnóstico puede tener consecuencias importantes. La apnea del sueño no tratada se asocia con mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares, alteraciones metabólicas e incluso deterioro cognitivo. A nivel global, se estima que más de mil millones de personas padecen este trastorno, aunque en algunos países hasta el 90% de los casos permanece sin diagnosticar.
Frente a este panorama, investigadores señalan la necesidad de mejorar las herramientas de diagnóstico y desarrollar tratamientos más personalizados. También destacan la importancia de aumentar la concientización entre pacientes y profesionales de la salud para reconocer que los trastornos del sueño en mujeres pueden esconder una enfermedad que durante décadas pasó desapercibida.
Con información de WIRED.


