La carne vacuna en Argentina continúa registrando fuertes aumentos y su precio se está separando cada vez más del pollo y del cerdo. Desde septiembre, el valor en góndola de algunos cortes subió hasta 55%, según datos de la Cámara Argentina de Matarifes y Abastecedores (CAMyA).
El especialista agropecuario Javier Preciado Patiño señaló que la brecha de precios entre la carne vacuna y las proteínas sustitutas alcanzó el 29%, muy por encima del 3% observado en Uruguay. “Por décadas la carne vacuna marcaba el camino a las sustitutas, pero hoy los costos y la disponibilidad están generando un cambio”, explicó.
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El consumo doméstico se compone actualmente en partes casi iguales de carne vacuna y pollo, con niveles de 48 a 50 kilos por habitante al año, mientras que el cerdo crece hasta cerca de 20 kilos. La oferta bovina se mantiene estancada desde hace décadas, lo que reduce la disponibilidad por persona y presiona los precios.
La demanda internacional también ejerce presión sobre el mercado interno, con compradores dispuestos a pagar valores elevados por la carne argentina. Solo un aumento significativo en el peso de faena y mejoras en la eficiencia del destete podrían incrementar la oferta interna, aunque por ahora son aspiraciones sin cambios concretos.
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Según CAMyA, desde septiembre el precio del novillo en hacienda subió un 28,5%, de $8.000 a $9.000 por kilo, mientras que en las últimas tres semanas los precios mayoristas treparon un 21%, trasladándose solo parcialmente al consumidor. A pesar de esto, el consumo doméstico respondió con un repunte cercano al 4%, elevando el promedio anual por habitante de 47 a 49,5 kilos.
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