La situación en Goma, al este de la República Democrática del Congo (RDC), continúa siendo crítica. Según un informe reciente de la ONU, casi 3.000 personas han muerto como consecuencia de los enfrentamientos entre el grupo armado M23 y las tropas de Ruanda, quienes tomaron el control de la ciudad y sus alrededores.
De acuerdo con la jefa adjunta de la Misión de la ONU en RDC (Monusco), Vivian van de Perre, 2.000 cadáveres han sido recuperados de las calles de Goma, mientras que 900 más permanecen en las morgues de los hospitales. Sin embargo, se teme que la cifra de víctimas aumente aún más.
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El M23, un grupo armado principalmente formado por tutsis que sufrieron el genocidio ruandés de 1994, ya había ocupado Goma en 2012, aunque fue obligado a retirarse tras la intervención internacional. La actual ofensiva, mucho más violenta, ha avivado las tensiones entre la RDC y Ruanda. El Gobierno congoleño acusa a Kigali de apoyar al M23, una acusación que ha sido confirmada por la ONU.
La situación en la región se complica aún más por la acusación mutua entre Ruanda y la RDC. Mientras Ruanda acusa al Ejército congoleño de colaborar con las Fuerzas Democráticas para la Liberación de Ruanda (FDLR), un grupo formado por exiliados hutus responsables del genocidio de 1994, la ONU también ha corroborado esta colaboración. Ruanda defiende sus acciones como una necesidad para garantizar su seguridad, eliminando a los grupos armados que amenazan a su país.
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El conflicto ha escalado rápidamente, afectando la estabilidad regional. En respuesta a la creciente tensión, el presidente de Malaui, Lazarus Chakwera, ordenó la retirada de las tropas de su país, que hasta ahora estaban apoyando al Ejército congoleño en su lucha contra el M23. A pesar de esto, algunos efectivos malauíes seguirán en la región, colaborando con la Monusco.
Fuente: DW.
Foto: El Confidencial.


