La órbita baja de la Tierra (LEO), donde operan miles de satélites comerciales, atraviesa una situación crítica debido al crecimiento acelerado de las megaconstelaciones. Así lo advierte un estudio liderado por la investigadora Sarah Thiele, iniciado en la Universidad de British Columbia y continuado en la Universidad de Princeton, que señala la fragilidad del sistema ante eventos extremos.
El trabajo, difundido como preprint en arXiv, describe a la órbita baja como un “castillo de naipes”: un entorno altamente eficiente mientras todo funciona con normalidad, pero vulnerable a fallas que pueden propagarse rápidamente y generar consecuencias irreversibles.
Las cifras reflejan la magnitud del problema. En el conjunto de satélites en LEO se registra un acercamiento cercano entre objetos cada 22 segundos. En el caso de Starlink, la constelación de SpaceX, estos encuentros se producen aproximadamente cada 11 minutos, lo que obliga a una coordinación constante.
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Para evitar colisiones, cada satélite de Starlink realiza en promedio 41 maniobras al año. Aunque este nivel de control genera una sensación de estabilidad, el estudio advierte que depende de condiciones ideales que no siempre están garantizadas.
El principal factor de riesgo identificado son las tormentas solares, que expanden la atmósfera superior de la Tierra, aumentan la fricción sobre los satélites y alteran sus órbitas. Durante la tormenta solar de mayo de 2024, más de la mitad de los satélites en órbita baja debieron realizar maniobras de emergencia.
Según el estudio, el escenario más peligroso surge cuando una tormenta solar provoca tanto incertidumbre orbital como pérdida de control activo. En ese contexto, apenas 2,8 días sin control podrían desencadenar una colisión grave, con riesgo de iniciar el síndrome de Kessler y afectar de manera duradera las comunicaciones y los servicios espaciales.
Fuente: Perfil.
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