Ante los daños a cables submarinos esenciales en Europa, la OTAN lanza un proyecto de vehículos de superficie no tripulados para garantizar la seguridad de infraestructuras críticas, impulsado por la creciente amenaza en medio de la Guerra de Ucrania.
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La interconexión global depende en gran medida de cables submarinos que conectan continentes y facilitan el tráfico de datos esenciales para la economía y las comunicaciones. Sin embargo, en el contexto de la Guerra de Ucrania, estos cables se han convertido en objetivos estratégicos. A mediados de noviembre, varios países del norte de Europa, incluyendo Alemania, Finlandia, Lituania y Suecia, denunciaron el daño de dos cables submarinos clave en el mar Báltico, lo que desató investigaciones que aún se encuentran en curso. Se ha sugerido la posible implicación de un barco chino, el «Yi Peng 3», que se encontraba en la zona cuando ocurrieron los incidentes.
En respuesta a esta creciente amenaza sobre las infraestructuras marítimas, la OTAN ha decidido reforzar la vigilancia en las aguas del Báltico y el Mediterráneo. Pierre Vandier, alto dirigente de la alianza militar, reveló en una entrevista con ‘Defense News’ que la OTAN está desarrollando una flota de vehículos de superficie no tripulados (USV, por sus siglas en inglés) para monitorear de forma continua las áreas marítimas estratégicas.
La idea detrás de estos vehículos es que actúan como cámaras de vigilancia, al estilo de las CCTV en las ciudades, permitiendo a la OTAN obtener información en tiempo real sobre el entorno marítimo. Aunque el proyecto aún está en sus primeras fases, Vandier indicó que los vehículos inicialmente operarán en la superficie y, con el tiempo, se integrarán a operaciones en profundidades mayores.
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Este avance no es una novedad para la OTAN, ya que la marina de los Estados Unidos ya ha implementado proyectos similares bajo la iniciativa TF59, que ha logrado integrar vehículos no tripulados y tecnologías de inteligencia artificial en sus operaciones navales. Estos proyectos han permitido una colaboración más efectiva entre drones, vehículos no tripulados y barcos tripulados, proporcionando mayor seguridad y eficiencia.
El despliegue de esta tecnología de vanguardia refleja la creciente importancia de proteger las infraestructuras críticas bajo el agua, especialmente en tiempos de conflicto, y marca un paso hacia una mayor autonomía y precisión en las operaciones de vigilancia y defensa.
Fuente y foto: La Razón


