Después de varias temporadas secas, la Patagonia atraviesa un escenario de mayor humedad gracias a las nevadas del invierno y a las precipitaciones previstas para la primavera. El panorama permitiría un comienzo de verano con menor peligrosidad de incendios, aunque investigadores advierten que el riesgo podría aumentar durante febrero y marzo de 2027.
La Organización Meteorológica Mundial (OMM) señaló que la Patagonia registró precipitaciones alrededor de un 40% por debajo de lo normal desde mediados de 2024, una situación que se extendió durante 2025 y los primeros meses de 2026. Ese período estuvo acompañado por incendios que afectaron especialmente a la Comarca Andina y sectores de los parques nacionales Lago Puelo y Los Alerces.
El pronóstico trimestral octubre-noviembre-diciembre del Servicio Meteorológico Nacional (SMN) prevé lluvias por encima de lo normal en casi toda la región, con excepción del extremo sudoeste y Tierra del Fuego. Investigadores del Conicet y la Fundación Bariloche estimaron que estas condiciones permitirán una menor peligrosidad relativa durante noviembre y diciembre.
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El informe elaborado para el Servicio de Prevención y Lucha Contra Incendios Forestales de Río Negro (SPLIF) advierte, sin embargo, que el escenario podría cambiar desde enero. Según los investigadores Santiago Hurtado y Marcos Easdale, la peligrosidad relativa aumentaría y tendría un pico posible entre febrero y marzo, cuando podrían combinarse las condiciones climáticas con una mayor disponibilidad de combustible fino acumulado durante la primavera húmeda.
Hurtado explicó que la acumulación de nieve durante el invierno permite llegar al inicio del verano con mayor humedad y mejores condiciones que las registradas el año anterior. Al mismo tiempo, señaló que la tendencia de largo plazo muestra años más secos y cálidos en el norte de la Patagonia, por lo que un período húmedo actual no necesariamente implica recuperar las condiciones habituales de décadas atrás.
El investigador Mariano Amoroso destacó que la mayor humedad favorecerá la recuperación de sectores afectados por incendios, aunque las lluvias intensas también generaron procesos erosivos en zonas quemadas de la Comarca Andina. Frente a un verano que podría comenzar con menor riesgo, los especialistas remarcaron que la atención deberá mantenerse durante el último tramo de la temporada, especialmente ante las condiciones que puedan presentarse en febrero y marzo.


