El 6 de octubre de 1976, un avión de Cubana de Aviación explotó en pleno vuelo frente a las costas de Barbados y provocó la muerte de sus 73 ocupantes. El atentado contra el vuelo CU-455, que cubría la ruta entre Georgetown y La Habana, se convirtió en uno de los episodios más graves del terrorismo político en el Caribe durante la Guerra Fría.
La aeronave, un Douglas DC-8, había realizado escalas en Trinidad y Tobago y Barbados y se dirigía hacia Jamaica cuando se produjeron dos explosiones. Los pilotos intentaron regresar al aeropuerto de Seawell, pero el avión perdió el control y cayó al mar pocos minutos después. Entre las víctimas había 57 cubanos, 11 ciudadanos de Guyana y pasajeros vinculados con Corea del Norte, según el registro citado en la investigación.
La investigación judicial venezolana llevó a la detención de los venezolanos Freddy Lugo y Hernán Ricardo Lozano, señalados como autores materiales del atentado. Ambos fueron condenados posteriormente a 20 años de prisión. El caso también quedó vinculado a Luis Posada Carriles y Orlando Bosch, dos figuras del exilio anticastrista a quienes investigaciones y documentos oficiales estadounidenses relacionaron con el atentado. El FBI conserva actualmente documentación desclasificada sobre Posada Carriles.
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Una de las piezas centrales para reconstruir el caso fue el trabajo de la periodista venezolana Alicia Herrera, quien visitó a los detenidos en el Cuartel San Carlos. Sus conversaciones con Lugo y otros testimonios dieron origen al libro ¿Pusimos la bomba, ¿y qué?, publicado inicialmente en 1981. La investigación periodística sostuvo que los detenidos habían actuado como ejecutores y que detrás del atentado existía una estructura más amplia vinculada con organizaciones anticastristas y servicios de inteligencia.
Bosch fue absuelto en Venezuela en 1980 por cuestiones relacionadas con la presentación de las pruebas y posteriormente se instaló en Estados Unidos, donde murió en 2011. Posada Carriles, por su parte, escapó de una prisión venezolana en 1985 y posteriormente fue vinculado con otros atentados y operaciones contra el gobierno cubano. En 2005, el Departamento de Estado estadounidense registraba que Cuba reclamaba su extradición por su presunta participación en el atentado de 1976.
Medio siglo después, el atentado continúa siendo un episodio central de la historia política latinoamericana de la Guerra Fría. Los autores materiales cumplieron condenas en Venezuela, mientras que Posada Carriles murió en Estados Unidos en 2018 sin ser juzgado por el ataque contra el avión de Cubana. La documentación oficial estadounidense disponible y los archivos desclasificados mantienen abierto el interés histórico sobre las responsabilidades, las redes anticastristas y la actuación de los distintos organismos de inteligencia involucrados en el caso.
Fuente: RT.


