La victoria de Boca Juniors sobre Lanús en la definición por penales (4-2) en el Torneo Apertura dejó más preguntas que respuestas en La Bombonera.
Mientras el equipo se clasificaba a los cuartos de final, el presidente xeneize, Juan Román Riquelme, vivió una de sus noches más difíciles desde que asumió el cargo. Los cánticos de los hinchas, pidiendo la salida de la dirigencia, retumbaban en el estadio mientras la tensión crecía en el palco de Riquelme.
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A lo largo de los más de cinco años que lleva en la dirigencia de Boca, Riquelme siempre se mostró sereno ante las adversidades. Sin embargo, en este partido, la calma habitual del dirigente se rompió. El cántico «que se vayan todos» dirigido a la gestión comenzó a escucharse justo antes de la definición por penales, y el nerviosismo de Riquelme se hizo evidente. En las cámaras se lo vio morderse los labios y murmurar, probablemente, un ruego por el resultado.
Las imágenes mostraron a un Riquelme visiblemente afectado, al borde de la desesperación, mientras el penal de Alexis Canelo, el primero de la serie para Lanús, se acercaba. Lo que sucedió después fue un giro dramático: el arquero Agustín Marchesín, quien llegó a Boca este año por pedido directo del Consejo de Fútbol, logró detener el primer disparo. La tensión, sin embargo, no se disipó con la atajada. Aunque Boca seguía avanzando en el torneo, Riquelme respiró hondo y dejó el estadio con una expresión seria, consciente de que la situación interna del club había alcanzado un punto crítico.
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El clima dentro del estadio no era el de un equipo clasificado, sino el de una gestión atravesada por la crisis interna. La noche dejó en claro que el apoyo a Riquelme dentro de la hinchada está dividido. En su gestión como dirigente, el ídolo xeneize siempre mantuvo el respaldo de gran parte de los hinchas, pero esa relación parece estar en revisión, a medida que los resultados y las decisiones afectan la percepción de la dirigencia.
El gesto de Riquelme en esa definición por penales no solo refleja su tensión personal, sino también la creciente presión que enfrenta como dirigente de Boca Juniors. El futuro del club sigue siendo incierto, y las emociones continúan desbordando las tribunas, más allá de los resultados deportivos.
Fuente: Infobae.


