El ayatolá Ali Khamenei murió el 28 de febrero tras un bombardeo atribuido a Israel, según confirmaron medios estatales iraníes y la Guardia Revolucionaria. Con su fallecimiento, la Irán pierde a la figura que durante casi 37 años concentró la máxima autoridad política y religiosa del sistema instaurado tras la Revolución Islámica.
Jamenei fue el segundo líder supremo de la República Islámica de Irán, cargo que asumió en 1989 tras la muerte del ayatolá Ruhollah Jomeini. Aunque antes se desempeñó como presidente entre 1981 y 1989, en la estructura iraní el jefe de Estado tiene atribuciones limitadas frente al líder supremo, quien posee la última palabra en política interna, defensa y relaciones exteriores.
Nacido en 1939 en Mashhad, en el seno de una familia religiosa chiita, Jamenei participó activamente en el movimiento contra el sha Mohammad Reza Pahlavi. Fue encarcelado en varias ocasiones antes del triunfo de la Revolución en 1979. Con el nuevo régimen consolidado, ocupó cargos clave en el Parlamento, el Consejo Supremo de Defensa y la Guardia Revolucionaria.
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Ya como líder supremo, reforzó el rol de las fuerzas de seguridad y consolidó una línea dura tanto hacia la disidencia interna como frente a Occidente. Bajo su mando, Irán sostuvo una política de confrontación con Estados Unidos y de rechazo a reconocer al Estado de Israel, además de respaldar a actores regionales alineados con su estrategia.
En el plano doméstico, su liderazgo atravesó múltiples crisis. Durante su gestión fueron reprimidas protestas estudiantiles en 1999, movilizaciones tras las elecciones de 2009, manifestaciones sociales en 2019 y el movimiento “Mujer, Vida, Libertad” entre 2022 y 2023. Analistas lo describieron como un estratega que priorizó la estabilidad del sistema teocrático por encima de reformas estructurales.
La televisión estatal confirmó su muerte horas después de que el expresidente estadounidense Donald Trump hiciera referencia al ataque. El gobierno iraní decretó 40 días de luto nacional, mientras la Guardia Revolucionaria prometió represalias. Su fallecimiento abre un proceso de sucesión clave para el futuro político y religioso del país.
Con información de DW.


