A 17 años de la partida de Raúl Alfonsín, su figura cobra aún más fuerza frente a la realidad política que vive hoy la Argentina.
Radical, de centro, profundamente democrático, entendió que la política no es gritar más fuerte, sino construir acuerdos duraderos. Creyó en el diálogo, en el consenso y en la convivencia pacífica como única forma de sostener la República.
En tiempos de confrontación permanente, su ejemplo recuerda que la democracia se fortalece con instituciones sólidas, respeto por la ley y responsabilidad política. Alfonsín eligió la paz social, defendió los derechos humanos como política de Estado y posicionó a la Argentina como referencia mundial en memoria, verdad y justicia.
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Impulsó decisiones históricas que ampliaron derechos y consolidaron la democracia: la CONADEP, el Juicio a las Juntas, la patria potestad compartida, el divorcio vincular, el Banco Nacional de Datos Genéticos, programas de alfabetización y políticas de vivienda.
Hoy, cuando la política muchas veces se aleja del consenso y se instala en la confrontación, el legado de Alfonsín vuelve a marcar el rumbo: más diálogo, más acuerdos, más respeto institucional. Ese es el radicalismo que representó y el que sigue siendo necesario para la Argentina de hoy.


