Organizaciones de defensa del consumidor y especialistas en desarrollo infantil encendieron alarmas por el creciente uso de juguetes con inteligencia artificial, tras registrarse casos de contenido inapropiado destinado a menores. El episodio más reciente involucró a un oso de peluche que respondió con referencias sexuales explícitas, generando fuerte preocupación en un mercado que carece de regulación clara.
El aumento de estos productos coincide con un auge global: solo en 2023, la industria de juguetes inteligentes alcanzó los USD 16.700 millones, con China como principal productor. Entre las marcas destacadas figuran FoloToy, creadora del cuestionado oso Kumma; Curio, responsable del peluche Grok con voz de Grimes; y Mattel, que trabaja junto a OpenAI en nuevos desarrollos basados en IA.
El informe elaborado por Pirg, una organización de protección al consumidor, detalló cómo el juguete Kumma abordó temas sexuales sensibles con niños, lo que desató un fuerte debate sobre los límites y la seguridad de estas tecnologías. Especialistas advirtieron que los bots pueden mantener conversaciones abiertas sin filtros adecuados, un contraste con los juguetes tradicionales.
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Además del contenido inapropiado, expertos señalan riesgos en el desarrollo emocional y social. Rachel Franz (Fairplay) alertó por la falta de regulación y de estudios independientes, mientras que la psicóloga Jacqueline Woolley advirtió sobre la posibilidad de que los niños formen vínculos emocionales indebidos con estos juguetes, que tienden a ser complacientes y poco desafiantes.
La privacidad es otro punto crítico: la escasa transparencia sobre el uso de datos y la posibilidad de hackeos preocupa a las organizaciones, que remarcan que los niños suelen compartir información íntima con estos dispositivos. Tras la polémica, OpenAI suspendió su colaboración con FoloToy, que relanzó su producto asegurando sistemas de moderación mejorados.
A las puertas de la temporada navideña, más de 80 organizaciones recomendaron evitar la compra de juguetes con IA y pidieron regulaciones estrictas. Sostienen que, sin estudios independientes, no es posible garantizar la seguridad de estos productos ni su impacto a largo plazo en el desarrollo infantil.
Fuente: Infobae.


