Cada año, el regreso de la temporada de ballenas a Santa Cruz es motivo de alegría y congregación. Este fenómeno natural, que atrae tanto a locales como a turistas, ofrece avistajes sorprendentes en todo momento y lugar.
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Este año, Caleta Olivia y el Golfo San Jorge se han convertido en puntos clave para observar el regreso de las ballenas Sei, uno de los cetáceos más grandes del mundo, que pueden medir hasta 18 metros de largo y pesar más de 20 toneladas.
Las ballenas Sei son la tercera especie de ballena más grande, después de la ballena azul y el rorcual común, y son una de las menos conocidas de todas las ballenas barbadas. “Para toda la zona de Caleta Olivia y el Golfo San Jorge es un potencial recurso turístico, ya que cuentan con la suerte de poder ver a los animales a muy poca distancia de la costa”, explicó Miguel Iñíguez, presidente de Fundación Cethus.
Según Iñíguez, durante el trayecto de la Ruta 3, entre Caleta Olivia y Comodoro Rivadavia, se pueden disfrutar vistas impresionantes desde la costa. Estas especies migratorias hacen largos recorridos, apareciendo en la Península de Valdez desde abril o mayo, y migrando a aguas subantárticas hacia octubre y noviembre. Durante los meses de invierno, de julio a agosto, se observa un pico en su presencia.
El avistaje de estas gigantes del Atlántico impulsa el «turismo azul» o turismo costero en Santa Cruz. Iñíguez destacó la importancia de estos animales no solo para el desarrollo sostenible de la región, sino también para la conservación de los ecosistemas marinos. “La gente para en sus autos y se pone a apreciar el momento del avistaje”, comentó el referente.
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El Golfo San Jorge es conocido por su biodiversidad, albergando diferentes especies de ballenas, como la franca, sei y jorobada, además de delfines como la tonina overa, el delfín austral y delfines grises. Este turismo no solo beneficia económicamente, sino que también tiene un impacto positivo en el ecosistema, ya que las ballenas transportan nutrientes desde las zonas de alimentación a las zonas de reproducción.
Las ballenas Sei volvieron al Golfo San Jorge en 2004, tras más de 70 años de ausencia debido a la caza comercial que casi las llevó a la extinción en la costa santacruceña. “A fines de la década de 1920, se instaló una factoría al norte de Caleta Olivia que capturaba ballenas sei. Un año más tarde, habían matado prácticamente a todos los animales que antes se veían”, relató Iñíguez.
La Comisión Ballenera Internacional implementó una moratoria a la captura comercial de ballenas en 1986, permitiendo la recuperación de sus poblaciones. En 2004, durante una campaña de la Fundación Cethus, se avistó una ballena Sei en el Golfo San Jorge, marcando el inicio de su regreso.
La protección del mar patagónico es crucial para mantener este equilibrio. “Los colchones de algas son fundamentales porque junto al fitoplancton son los grandes pulmones de nuestros océanos”, resaltó Iñíguez. Santa Cruz y Tierra del Fuego albergan uno de los últimos bosques vírgenes de macroalgas del planeta, esenciales para la biodiversidad marina.
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Las amenazas a la biodiversidad incluyen la industria pesquera y la contaminación. “Innumerables trabajos científicos demostraron que la principal causa de mortalidad de los cetáceos es el enmallamiento en aparejos pesqueros”, explicó Iñíguez.
Fuente: El Litoral.
Foto: Turismo Diario.
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