Foto: EQS Notas.
Silvia Barrera y María Liliana Colino fueron enfermeras e instrumentadoras quirúrgicas que cumplieron un rol clave en la atención de heridos y la evacuación sanitaria. Durante décadas su aporte permaneció invisibilizado en la memoria colectiva.
A 43 años de la Guerra de Malvinas, se realizó el pasado fin de semana en Esquel el 3º Encuentro Federal de Mujeres Malvineras, con la participación de más de 60 mujeres de todo el país. En ese marco, emergieron con más fuerza algunas historias de las que fueron protagonistas silenciosas del conflicto. Enfermeras e instrumentadoras quirúrgicas cumplieron un rol clave en la atención de heridos y la evacuación sanitaria, aunque durante décadas su aporte permaneció invisibilizado en la memoria colectiva.
Silvia Barrera tenía solo 23 años cuando se ofreció como voluntaria para ir a las islas. Instrumentadora quirúrgica y personal civil del Ejército, recuerda su arribo al buque hospital Almirante Irízar como un impacto imborrable. “Llegar a las islas y ver la inmensidad fue un shock. A la media hora de arribar ya sufrimos el primer bombardeo”, relató sobre aquellos días en Puerto Argentino.
Pese al miedo constante, Barrera tuvo claro su objetivo desde el primer momento. “Nosotras fuimos allí para ayudar a nuestros soldados, no para pensar en el miedo. La prioridad siempre era la vida de ellos”, afirmó, destacando el compromiso con el que enfrentaron la crudeza de la guerra aun siendo la más joven del equipo.
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Otra de las protagonistas fue María Liliana Colino, enfermera militar de la Fuerza Aérea, quien participó de los vuelos de evacuación aeromédica en aviones Hércules C-130. “Sabía que era nuestra oportunidad de ayudar de manera directa”, recordó sobre su decisión de sumarse a las misiones sanitarias en pleno conflicto.
Colino describió el riesgo extremo de cada traslado. “Íbamos a ras del mar, en absoluta oscuridad y con silencio de radio. Cada vuelo era un desafío enorme, porque cualquier error podía costar vidas”, explicó, y añadió que ante alertas de aviones enemigos debían despegar de inmediato.
Ambas coinciden en que la participación femenina en Malvinas fue escasamente reconocida. “Fuimos solo 13 mujeres entre 9.400 veteranos, y eso influyó mucho en que nuestro trabajo no se conociera”, señalaron. A más de cuatro décadas, sus testimonios recuperan un legado de humanidad, profesionalismo y coraje que empieza a ocupar el lugar que merece en la historia.


