Un equipo de investigadores de la Universidad Friedrich-Alexander de Erlangen-Núremberg logró un avance que hasta hace poco parecía imposible: congelar tejido cerebral y, tras descongelarlo, recuperar señales funcionales vinculadas al aprendizaje. El estudio, publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences, abre nuevas perspectivas en el campo de la neurociencia.
El experimento se realizó con tejido del hipocampo de ratón, una región clave para la memoria. Tras ser sometidas a temperaturas extremas mediante nitrógeno líquido, algunas muestras lograron reactivar la comunicación neuronal, evidenciando respuestas eléctricas similares a las normales.
La técnica utilizada, conocida como vitrificación, permite congelar el tejido sin que se formen cristales de hielo que dañen las células. Este proceso enfría el material a gran velocidad, llevando el agua a un estado amorfo similar al vidrio, lo que protege la delicada estructura cerebral.
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Uno de los hallazgos más relevantes fue la detección de potenciación a largo plazo, un mecanismo esencial para el aprendizaje y la memoria. Esto sugiere que no solo sobrevivieron células individuales, sino que también se conservaron funciones clave del tejido.
El estudio se inspira en la capacidad de la salamandra siberiana, que puede sobrevivir congelada durante décadas gracias a un anticongelante natural. Sin embargo, los científicos advierten que trasladar estos resultados a cerebros humanos sigue siendo un desafío enorme.
Aunque aún estamos lejos de escenarios como los de la película Alien, donde los humanos hibernan en viajes espaciales, el avance podría tener aplicaciones médicas concretas. Entre ellas, mejorar la conservación de tejidos para investigación, optimizar trasplantes o desarrollar nuevas estrategias para tratar enfermedades neurológicas.
Fuente: DW.
Imagen: Olena Pavlovich/Depositphotos/IMAGO.


