Estos organismos microscópicos revelan nuevas adaptaciones para soportar radiación extrema y ambientes hostiles, ofreciendo promesas en medicina y exploración espacial.
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Los tardígrados, también conocidos como “osos de agua” o “cerditos de musgo”, son criaturas microscópicas con una capacidad de supervivencia que fascina a la ciencia. Un reciente estudio sobre la especie Hypsibius henanensis, realizado por investigadores de China, ha revelado adaptaciones genéticas que explican cómo estos diminutos animales resisten niveles extremos de radiación y condiciones ambientales que serían letales para casi cualquier otro ser vivo. Bajo el microscopio, su apariencia rechoncha y segmentada oculta una biología sorprendente: poseen 14.701 genes, de los cuales el 30.2% son exclusivos de los tardígrados, varios directamente relacionados con su capacidad para tolerar ambientes hostiles.
Para probar su resistencia, los investigadores expusieron a H. henanensis a ráfagas de radiación, observando tres mecanismos principales que permiten su supervivencia: producción de betalaínas, que neutralizan moléculas dañinas; una proteína de reparación rápida del ADN (TRID1), y proteínas de suministro de energía que les permiten funcionar bajo condiciones adversas. Este hallazgo sugiere que, si se lograran replicar estos mecanismos, podrían usarse en medicina, especialmente en terapias de regeneración celular y en protección contra la radiación.
Además de su resistencia a la radiación, los tardígrados pueden sobrevivir años sin agua ni comida, entrando en un estado de criptobiosis donde su metabolismo casi se detiene. En este estado, soportan temperaturas extremas de hasta -273 °C y pueden sobrevivir en el vacío del espacio, un logro para cualquier organismo. Durante la criptobiosis, sus cuerpos se deshidratan hasta un 3% de agua, reduciendo sus funciones vitales y permitiéndoles resistir en entornos hostiles.
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Con una evolución que data de más de 500 millones de años, los tardígrados se han adaptado a vivir en océanos profundos, altas montañas y fríos desiertos. Su dieta se basa en líquidos celulares de plantas y algas, una fuente intermitente que les permite soportar largos períodos sin alimentación. Según la investigadora independiente Jasmine Nirody, estos organismos poseen una singular capacidad de adaptación, desarrollando habilidades que les permiten sobrevivir a condiciones extremas. En un estudio publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences, Nirody también observó que el andar lento y deliberado de los tardígrados podría ser una estrategia de supervivencia en ambientes hostiles.
Las investigaciones actuales sugieren aplicaciones prometedoras en la exploración espacial y la medicina. Los conocimientos sobre la proteína TRID1 podrían inspirar tratamientos de regeneración celular en ambientes con alta radiación, como los tratamientos oncológicos. Además, la criptobiosis plantea posibilidades para conservar alimentos y medicamentos en condiciones extremas, una ventaja clave para viajes espaciales de larga duración.
Los tardígrados continúan sorprendiendo a la ciencia, y los avances en su estudio plantean nuevos interrogantes sobre los límites de la vida en la Tierra y el potencial de la biología para adaptarse a entornos extremos. Con cerca de 1.500 especies en el planeta, los científicos ven en estos diminutos organismos una fuente de inspiración para innovar en la protección de la vida humana, demostrando que la evolución siempre encuentra formas sorprendentes de adaptación.
Fuente: Infobae
Foto: Ok Diario


