Zi Teng Wang, mago y biólogo molecular de Missouri, intentó llevar sus espectáculos a un nuevo nivel implantándose un chip de identificación por radiofrecuencia (RFID) entre el pulgar y el índice de su mano. La idea era activar trucos de magia mediante el chip, pero un detalle técnico arruinó su plan: olvidó la contraseña del dispositivo.
El chip permitía vincularse a un teléfono inteligente para desencadenar efectos durante sus shows, aunque Wang admitió que depender del dispositivo de otra persona no resultaba «misterioso ni asombroso». Posteriormente, experimentó con el chip programándolo con una dirección de Bitcoin y un meme de Imgur, pero la pérdida de la contraseña volvió imposible su reprogramación.
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Tras varias advertencias de amigos técnicos, Wang entendió que la recuperación del chip requeriría un proceso manual largo, intentando todas las combinaciones posibles con un lector RFID conectado directamente a su mano. Mientras tanto, su magia tecnológica quedó inaccesible, dejándolo en una situación que él mismo definió como «distópica ciberpunk».
La experiencia de Wang deja lecciones sobre los riesgos de integrar tecnología al cuerpo humano, desde la gestión de contraseñas hasta la dependencia de servicios digitales que pueden fallar o volverse obsoletos. Compañías como Neuralink exploran chips cerebrales similares, y este caso subraya la importancia de la seguridad y la memoria humana al usar dispositivos inteligentes implantados.
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Más allá del humor y la ironía de la situación, el caso también recuerda la importancia de las manos en la magia tradicional, fundamentales para ejecutar trucos de ilusionismo con precisión y control. Cada gesto y movimiento de los dedos sigue siendo insustituible, incluso frente a la tecnología más avanzada.
Fuente: Infobae.


