Mario Casas atraviesa una transformación artística que lo aleja de la imagen de galán juvenil que lo lanzó a la fama. A sus 39 años, el actor español se consolidó como un intérprete de método, comprometido con cada personaje al punto de someterse a exigentes preparaciones físicas y emocionales. La clave de este cambio, según él mismo reconoce, ha sido su trabajo con el acting coach Gerard Oms, quien lo llevó a “deconstruirse” y reconstruir su forma de actuar desde cero.
Uno de los ejemplos más extremos de esta entrega fue El practicante, producción de Netflix donde interpretó a un paramédico que queda en silla de ruedas. Para lograrlo, Casas perdió diez kilos, convivió con pacientes hospitalarios y pasó dos meses en silla de ruedas, incluso fuera del rodaje. “Me enseñaron a hacer transferencias, a vivir como ellos. Lo más duro fue no comer”, confesó en Men’s Health.
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Su búsqueda de autenticidad lo llevó a colaborar de forma constante con Oms en los últimos seis años. De esa dupla surgió Muy lejos, película estrenada en el Festival de Málaga 2025, donde Casas obtuvo la Biznaga de Plata al mejor actor. “El actor tiene que estar formándose siempre. Yo sigo trabajando con Gerard siempre que puedo”, declaró en Cadena SER.
La intensidad de sus personajes, en su mayoría cargados de dramatismo, no le impide desconectarse en su vida personal. “Soy muy feliz cuando vuelvo a mi casa, a mi campo, a mis animales”, aseguró, marcando una diferencia entre su vida real y los roles que interpreta. Para él, solo un 20% de su identidad está influenciado por sus personajes; el resto es su familia y sus experiencias personales.
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Con proyectos cada vez más ambiciosos, como Escape (dirigida por Rodrigo Cortés y producida por Martin Scorsese) y el próximo thriller Zeta, Casas se posiciona como un referente del cine español contemporáneo. Su evolución confirma que su presente no es casualidad, sino el resultado de disciplina, introspección y pasión por su oficio.
Fuente: Infobae.


