La ofensiva del grupo armado, respaldado por Ruanda, dejó al menos 413 muertos y forzó el desplazamiento masivo de civiles en medio de violaciones al alto el fuego firmado en Washington. La captura de Uvira agrava la crisis regional y desata alarma en Burundi.
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La violencia volvió a recrudecer en el este de la República Democrática del Congo (RDC), donde más de 400 civiles fueron asesinados en los últimos días mientras el grupo armado M23, apoyado por Ruanda según autoridades locales y Estados Unidos, continúa su avance en la provincia de Kivu del Sur. La nueva ofensiva ocurre a pesar del acuerdo de paz firmado la semana pasada en Washington entre los presidentes de Congo y Ruanda, del que el M23 no formó parte y que, de acuerdo con funcionarios congoleños, ya se encuentra gravemente vulnerado.
De acuerdo con el gobierno regional, al menos 413 civiles murieron por disparos, explosiones y bombardeos en localidades ubicadas entre Uvira y Bukavu, la capital provincial. Las autoridades denunciaron además la presencia de fuerzas especiales ruandesas y mercenarios extranjeros en Uvira, operando en abierta violación del alto el fuego y de los compromisos asumidos en los acuerdos de Washington y Doha.
El M23 confirmó que se hizo con el control de la ciudad estratégica de Uvira, tras una rápida ofensiva iniciada a comienzos de diciembre. Su avance representa un duro golpe para las fuerzas congoleñas, que ya perdieron importantes territorios en manos del movimiento rebelde, cuya capacidad militar creció de unos cientos de integrantes en 2021 a más de 6.500 combatientes, según la ONU.
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La escalada también amenaza la estabilidad regional. En Burundi, el ministro de Exteriores, Édouard Bizimana, advirtió que la captura de Uvira supone un riesgo directo para Bujumbura, capital económica del país. Burundi reportó la llegada de más de 30.000 refugiados en apenas tres días, mientras autoridades locales denunciaron ataques contra comunidades tutsi banyamulenge en Minembwe, donde fuerzas atrincheradas habrían retomado operaciones de “exterminio” mediante artillería pesada.
En medio del deterioro del conflicto, la Embajada de Estados Unidos en Kinshasa exigió el cese inmediato de las operaciones ofensivas y pidió a Ruanda retirar sus tropas del territorio congoleño. Kigali, sin embargo, responsabilizó al ejército de la RDC por la ruptura del alto el fuego y negó apoyar al M23, aunque el año pasado reconoció tener tropas desplegadas en el este congoleño “para garantizar su seguridad”.
El enfrentamiento por el control de territorios ricos en minerales, donde operan más de 100 grupos armados, continúa agravando una de las peores crisis humanitarias del mundo. Más de 200.000 personas fueron desplazadas desde el 2 de diciembre y al menos 70 murieron, según autoridades congoleñas. La expansión del conflicto hacia Burundi y los constantes desplazamientos masivos aumentan la preocupación por un desborde regional con consecuencias imprevisibles.
Fuente y foto: Infobae


