El supertifón Ragasa se intensificó en las últimas horas y avanza con fuerza sobre el norte de Filipinas y el sur de Taiwán, obligando a miles de personas a refugiarse en escuelas y centros de evacuación. La tormenta, que se convirtió en una de las más poderosas de la temporada, registró ráfagas de hasta 265 km/h en su centro.
Según el servicio meteorológico filipino, el ciclón tocaría tierra en las islas de Batanes o Babuyan durante la tarde del lunes, una zona de baja densidad poblacional. Sin embargo, el impacto ya se siente en provincias como Cagayan, donde los fuertes vientos derribaron árboles y postes eléctricos.
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En Manila, la capital, y en otras 29 provincias, el gobierno decretó el cierre de oficinas y escuelas para prevenir tragedias. El secretario del Interior, Jonvic Remulla, instó a los gobiernos locales a acelerar la evacuación de las familias que residen en áreas de riesgo. El especialista climático John Grender Almario advirtió sobre “inundaciones y deslizamientos severos” en el norte de Luzón.
En Taiwán, la Administración Central de Meteorología emitió una alerta marítima y comenzó a evacuar preventivamente a familias en zonas montañosas, especialmente en Pingtung. James Wu, funcionario de bomberos, expresó que temen daños similares a los del tifón Koinu en 2023, que dejó graves destrozos en infraestructura.
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Mientras tanto, la tensión aumenta entre la población. En Filipinas, cientos de personas salieron a protestar en Manila por presuntos casos de corrupción en obras destinadas a mitigar inundaciones. En este contexto, las autoridades intentan redoblar esfuerzos para garantizar la seguridad de los habitantes y enfrentar el impacto de Ragasa, un fenómeno climático que pone nuevamente en alerta a toda la región del Pacífico.
Fuente: DW.
Foto: Andre M. Chang/ZUMA/picture alliance.


