Francia atraviesa una intensa ola de calor que no solo afecta al territorio continental, sino también a sus aguas costeras. Las temperaturas registradas en el océano Atlántico y el mar Mediterráneo alcanzaron niveles inusualmente elevados para junio, equiparables a los que normalmente se observan en pleno mes de agosto.
Según especialistas del Centro Nacional de Meteorología, la temperatura superficial del agua llegó a los 21 °C en el Atlántico y a 25,6 °C en el Mediterráneo. En algunas zonas, las anomalías térmicas alcanzan hasta cinco grados por encima de los valores habituales para esta época del año.
Los expertos advierten que este fenómeno tiene consecuencias directas sobre los ecosistemas marinos. El aumento de la temperatura afecta especialmente al fitoplancton, base de la cadena alimentaria oceánica, lo que repercute sobre las poblaciones de peces y la actividad pesquera.
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Además, las altas temperaturas representan una amenaza para los arrecifes de coral y las praderas marinas, ecosistemas fundamentales para la biodiversidad y el equilibrio ambiental de las zonas costeras.
El calentamiento del mar también impacta en la vida cotidiana de las personas que habitan cerca de la costa. La menor diferencia de temperatura entre el océano y el continente reduce la formación de brisas marinas, limitando uno de los mecanismos naturales que ayudan a refrescar el ambiente durante las noches.
Los científicos vinculan estas olas de calor marinas con el calentamiento global provocado por las emisiones de gases de efecto invernadero. Actualmente, los océanos absorben cerca del 90 % del exceso de calor generado por la actividad humana, lo que contribuye al aumento sostenido de la temperatura de las aguas.
Fuente: RFI.


