Ambos gobiernos intercambiaron denuncias de agresiones armadas en la Línea Durand, un día después de que los talibanes anunciaran el fin de las conversaciones con Islamabad en Arabia Saudita.
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Pakistán y Afganistán volvieron a quedar envueltos en una escalada militar en uno de los bordes más sensibles de Asia del Sur. Este viernes, ambos países se acusaron mutuamente de lanzar ataques transfronterizos a través de la Línea Durand, reavivando un conflicto que parecía contenerse desde el frágil alto el fuego alcanzado en Doha en octubre.
Según informó el principal portavoz talibán, Zabihullah Mujahid, las fuerzas paquistaníes habrían iniciado la confrontación desde el distrito afgano de Spin Bodak, lo que desencadenó un intercambio inmediato. Mujahid responsabilizó directamente a Islamabad por la ruptura de la calma regional y aseguró que la ofensiva paquistaní fue “no provocada”.
Por su parte, fuentes de seguridad de Pakistán consultadas por EFE negaron esa versión y aseguraron que los primeros disparos provinieron de combatientes talibanes en el sector paquistaní de Chaman, un punto fronterizo históricamente inestable. Las autoridades paquistaníes, en condición de anonimato, señalaron que la situación vuelve a demostrar “la falta de control de Kabul sobre elementos fronterizos indisciplinados”, a quienes responsabilizan de deteriorar la imagen internacional del gobierno talibán.
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La tensión volvió a elevarse cuando Islamabad advirtió que cualquier nueva agresión provocará represalias “más contundentes”, mientras mantiene a sus fuerzas en estado de máxima vigilancia. Esta dinámica agrega un nuevo capítulo al deterioro de la relación bilateral, marcado por choques armados, acusaciones cruzadas y la constante disputa sobre la seguridad en la franja limítrofe.
El conflicto se inscribe en una relación ya desgastada: en octubre, ambos países protagonizaron varios enfrentamientos que culminaron en un acuerdo precario alcanzado en Doha con mediación de Catar y Turquía. Sin embargo, ese pacto se ha debilitado con sucesivas denuncias de violaciones, entre ellas el ataque aéreo que los talibanes atribuyen a Pakistán, donde —según Kabul— murieron diez civiles, incluidos nueve niños. Islamabad niega haber causado víctimas civiles en esas incursiones.
El reciente quiebre del diálogo bilateral en Arabia Saudita y el recrudecimiento de la violencia vuelven a poner en primer plano la fragilidad de la frontera, donde cualquier incidente tiene el potencial de escalar rápidamente y comprometer la estabilidad regional.
Fuente y foto: EFE


