Investigaciones del INTA explican cómo el clima, el suelo y la nutrición del cultivo definen un sabor diferencial que posiciona al maní argentino en los mercados internacionales.
El maní producido en Córdoba se distingue a nivel global por su sabor más dulce, una característica que se explica por factores ambientales y agronómicos propios de la región. El clima más frío durante el llenado del grano y las condiciones del suelo favorecen una mayor concentración de azúcares, especialmente sacarosa.
Según estudios del INTA Manfredi, las temperaturas más bajas activan procesos fisiológicos que transforman el almidón en azúcares, lo que impacta directamente en el dulzor del grano. Ensayos comparativos con variedades cultivadas en Estados Unidos mostraron que el maní cordobés puede duplicar el contenido de sacarosa.
A este diferencial natural se suma el manejo nutricional. Investigaciones recientes demostraron que la fertilización con micronutrientes como boro y zinc permite potenciar aún más el contenido de azúcares, en especial en zonas con deficiencias de esos elementos.
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Además del sabor, el maní argentino presenta un perfil nutricional destacado. Contiene grasas saludables, proteínas de alto valor biológico, vitaminas antioxidantes y minerales esenciales, lo que lo posiciona como un superalimento con alta demanda para consumo humano directo.
La calidad del producto fue reconocida por importadores internacionales desde fines de los años noventa, lo que impulsó nuevas líneas de investigación. Actualmente, el INTA continúa evaluando variedades y ambientes productivos para sostener y mejorar estos atributos.
Con el 95 % de la producción destinada a exportación, la Argentina es el principal exportador mundial de maní. Para la campaña 2025/26 se proyectan casi un millón de toneladas producidas, con un fuerte respaldo en la identidad de calidad construida desde Córdoba.
Con información de argentina.gob.ar


