La muerte de un joven médico reavivó las alertas sobre un anestésico de uso frecuente pero con alto riesgo.
La reciente muerte de un médico tras una sobredosis puso bajo la lupa al propofol, un fármaco ampliamente utilizado en el ámbito sanitario. Se trata de una droga clave en cirugías y procedimientos médicos, pero peligrosa cuando se usa sin supervisión profesional.
El propofol es un anestésico de acción ultrarrápida que permite inducir la sedación en cuestión de segundos. Su efecto desaparece pocos minutos después de suspender la administración, lo que lo convierte en una herramienta fundamental en prácticas como endoscopías o intervenciones quirúrgicas.
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Especialistas advierten que su principal riesgo es la depresión respiratoria. Este efecto puede producirse en muy poco tiempo y derivar en un paro respiratorio si no se cuenta con asistencia médica inmediata, especialmente cuando se combina con otros fármacos como el fentanilo.
Desde el punto de vista farmacológico, ambas sustancias actúan de manera diferente pero complementaria: el propofol induce el sueño rápidamente, mientras que el fentanilo aporta un potente efecto analgésico. Sin embargo, la diferencia entre una dosis terapéutica y una peligrosa es muy estrecha.
El caso también reavivó el debate sobre el uso indebido de medicamentos dentro del sistema de salud y los riesgos del consumo fuera de entornos controlados. Los especialistas coinciden en que, pese a su valor en medicina, se trata de sustancias que requieren estricta regulación y monitoreo.
Con información de La Nación.
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