Miles de manifestantes antigubernamentales marcharon en Antananarivo y otras ciudades de Madagascar; la policía reprimió con gases lacrimógenos y balas de goma en medio de una crisis social y política.
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Miles de personas se volcaron este jueves a las calles de Antananarivo, capital de Madagascar, en una nueva jornada de protestas antigubernamentales que se repiten desde hace dos semanas, convocadas principalmente por el movimiento juvenil “Generación Z”.
La policía respondió con vehículos blindados, gases lacrimógenos y balas de goma para dispersar a los manifestantes que se concentraron cerca del lago Anosy y marcharon hacia los jardines de Ambohijatovo, generando enfrentamientos callejeros y varios heridos.
Un periodista de AFP reportó que “el gas lacrimógeno lanzado cerca de una maternidad obligó a trasladar a bebés prematuros a zonas seguras”, mientras que organizaciones médicas confirmaron al menos seis heridos por balas de goma y granadas aturdidoras.
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Heritiana Rafanomezantsoa, manifestante de 35 años, afirmó: “Seguimos luchando. El problema es el sistema. Nuestras vidas no han mejorado desde que nos independizamos de Francia”. Por su parte, Niaina Ramangason, estudiante de 20 años, sostuvo: “Hace promesas, pero no las cumple. Ya no creo en él”, refiriéndose al presidente Andry Rajoelina.
En respuesta a las protestas, Rajoelina nombró a un militar como primer ministro y conformó un nuevo gabinete enfocado en Seguridad y Defensa. Sin embargo, más de 200 organizaciones de la sociedad civil expresaron su preocupación por una deriva militar en el gobierno en lugar de buscar el diálogo.
Desde Naciones Unidas se informó que las protestas dejaron al menos 22 muertos desde el inicio de las manifestaciones el 25 de septiembre, cifra que el presidente Rajoelina cuestionó, asegurando que “todas eran saqueadores y vándalos”. La ONU aclaró que algunas víctimas eran manifestantes o transeúntes.
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El movimiento de protesta ha exigido disculpas públicas por la represión, aunque no mencionó la petición de dimisión presidencial. Más de 28 manifestantes fueron remitidos a la fiscalía y cinco permanecen en prisión preventiva en condiciones descritas por Amnistía Internacional como “infernal”.
La crisis ocurre en un contexto de pobreza estructural: casi tres cuartas partes de la población viven bajo el umbral de pobreza y el PIB per cápita cayó de 812 dólares en 1960 a 461 dólares en 2025, según el Banco Mundial.
La tensión política y social en Madagascar continúa en aumento, mientras persisten los cortes de electricidad y agua que motivaron inicialmente las manifestaciones, poniendo en jaque la estabilidad del gobierno de Rajoelina.
Fuente y foto: Infobae


