Especialistas explican por qué repetir metas cada enero suele terminar en frustración y qué estrategias simples pueden ayudar a sostener cambios reales a lo largo del año.
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Cada comienzo de año llega cargado de buenas intenciones: bajar de peso, dejar de fumar, beber menos alcohol o empezar a hacer ejercicio. Sin embargo, para la mayoría de las personas, los propósitos de Año Nuevo se repiten casi sin cambios año tras año y suelen abandonarse pocas semanas después. El entusiasmo inicial se diluye rápidamente y los viejos hábitos vuelven a imponerse.
El psicólogo Mario Schuster advierte que uno de los errores más frecuentes es intentar modificar demasiadas conductas al mismo tiempo. “Para romper con hábitos arraigados se necesita mucha fuerza de voluntad, y ese recurso es limitado”, explica. Cuando se persiguen varias metas a la vez, la motivación se dispersa y aumenta la probabilidad de fracaso. Por eso, el primer paso es concentrarse en un solo objetivo.
Otro aspecto clave es la motivación. No es lo mismo plantearse un cambio desde la obligación que desde el deseo. “Decir ‘tengo que dejar de fumar’ no genera el mismo efecto psicológico que ‘quiero dejar de fumar’”, señala Schuster. Para que el cambio se sostenga en el tiempo, debe tener un componente positivo y, en lo posible, resultar placentero o gratificante.
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La tercera clave es ser realista. Proponerse entrenamientos intensos después de un año sedentario suele conducir al abandono temprano. Los especialistas recomiendan empezar con metas pequeñas y alcanzables. La regularidad, aunque sea con poca intensidad, resulta más efectiva que los esfuerzos extremos y es fundamental para incorporar un nuevo hábito.
El compromiso social también juega un papel importante. Contar los objetivos a amigos o familiares refuerza la responsabilidad personal y reduce las chances de abandonar ante la primera dificultad. A esto se suma la necesidad de aceptar los tropiezos como parte del proceso. “Un desliz no debería convertirse en motivo de culpa ni en la excusa para rendirse”, aclara Schuster. Reconocer los pequeños logros fortalece la autoestima y ayuda a sostener la motivación.
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Finalmente, los expertos advierten que no todos los propósitos son convenientes. Cuando una meta no encaja con la vida cotidiana o está impulsada únicamente por la presión externa, puede terminar dañando la confianza personal. En esos casos, incluso, comenzar el año sin propósitos puede ser una opción más saludable.
Lejos de las promesas grandilocuentes, el secreto para que 2026 sea diferente parece estar en elegir bien, avanzar de a poco y no rendirse ante los inevitables tropiezos del camino.
Fuente: DW
Foto: Archivo


