Brent Chapman perdió la visión cuando tenía 13 años debido a una reacción alérgica extrema al ibuprofeno, conocida como síndrome de Stevens-Johnson. La enfermedad lo dejó ciego de ambos ojos y durante más de veinte años buscó tratamientos que pudieran devolverle la vista sin éxito duradero.
Finalmente, Chapman se contactó con el oftalmólogo Greg Moloney, del Hospital Mount Saint Joseph en Vancouver, quien le propuso una intervención poco convencional: la osteoodontoqueratoprótesis, o cirugía de “diente en ojo”. Este procedimiento permite restaurar la visión en pacientes con daños graves en la córnea donde los trasplantes tradicionales no funcionan.
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El método consiste en extraer un diente del propio paciente, incrustar en él una lente de plástico y luego fijarlo quirúrgicamente al ojo. Al ser un material del propio cuerpo, el implante tiene menor riesgo de rechazo y proporciona un soporte duradero para la lente, restaurando la capacidad visual de manera estable.
Según Moloney, este tipo de cirugía representa la mejor opción a largo plazo para pacientes con ceguera corneal severa, especialmente cuando otras alternativas han fracasado. “Nos gustaría tener procedimientos menos invasivos, pero nada ofrece la misma durabilidad y calidad visual que este método”, explicó el especialista.
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El caso de Chapman, uno de los pocos realizados en el mundo, ha sorprendido a la comunidad médica y marca un hito en los tratamientos de alta complejidad oftalmológica, combinando ingenio quirúrgico con técnicas de vanguardia para devolver la visión a quienes creían que la habían perdido para siempre.


