El vecino de El Hoyo dialogó con Radio 3 a 50 años del Golpe de Estado y recordó su historia marcada por la persecución, la clandestinidad y la desaparición de su compañera, Cecilia Minervini.
A 50 años del Golpe de Estado en Argentina de 1976, el vecino de El Hoyo, Quito Monti, compartió su historia marcada por la persecución, la clandestinidad y la desaparición de su compañera, Cecilia Minervini. En diálogo con Radio 3, repasó una vida atravesada por el terrorismo de Estado.
Monti recordó que tenía apenas 18 años cuando debió ocultarse por su militancia política. “Yo era muy joven cuando fue el golpe y tuvimos que ir a la clandestinidad. Participábamos en actividades políticas, acompañando incluso a organismos como las Madres, y eso nos valió la persecución. En ese tiempo decir que era una dictadura tenía consecuencias”, expresó.
El testimonio cobra mayor fuerza al evocar la desaparición de su compañera. “Me cuesta venir a estos actos porque me trae recuerdos muy dolorosos, no solo por Cecilia Minervini, que fue secuestrada, torturada y desaparecida, sino por tantos compañeros. Fue una etapa muy dura que marcó nuestras vidas para siempre”, sostuvo.
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En ese marco, reflexionó sobre el debate en torno a la cantidad de víctimas del terrorismo de Estado y llamó a no perder el eje de la discusión. “Más allá de si fueron 30.000 o una cifra distinta, lo más importante es que fueron decenas de miles de personas que fueron secuestradas, torturadas y asesinadas. Eso es lo que no se puede relativizar”, remarcó.
También dejó una mirada sobre el presente político, diferenciando el contexto actual de lo ocurrido durante la dictadura. “Se hacen comparaciones que no comparto. Esto no es lo mismo que aquella dictadura que aplastó al pueblo argentino. Pero sí creo que hay discusiones que deben darse y que la memoria tiene que seguir vigente”, afirmó.
Finalmente, Monti habló sobre las huellas que dejó aquella etapa en su vida, incluso tras encontrar un lugar de tranquilidad en la Patagonia. “Busqué la paz acá, pero la cárcel la lleva siempre uno adentro, los recuerdos. Son cosas que no se van nunca. Por eso es importante recordar y entender que ninguna dictadura es imposible de derribar”, concluyó.


