jueves 23 julio 2026

“Quizás no tuve la decisión para lograr cosas más importantes”

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Actualizado: 03:51 23/07 | downtack.com

En el comienzo de la charla con el programa social y deportivo “Nada Personal” de Radio Sudaca 105.3 de Trelew, y que se repite cada noche a partir de las 22, el nacido en la ciudad de Esperanza, rememoró sus inicios en el deporte de los puños, manifestando que “me fui metiendo porque en ese entonces yo era el más chico en el barrio y, como tal, era el que más ligaba. O sea que me hice boxeador a la fuerza ja ja”.

También mencionó como recuerdo que “siempre esperaba los días los miércoles a las 22 horas, porque ese día daban un programa pugilístico llamado “Entre las sojas”, era tv en blanco y negro, iba por ATC en el año 1965, más o menos, cuando tenía 6 ó 7 años; veía a los boxeadores y ya empezaba a soñar que quería ser igual a ellos”, explicó.

El responsable de una dinastía que le transmitió a sus hijos Walter Darío, Lucas Martín y Soledad Edith, y hasta de su ex esposa Doris, esta, a su vez, hermana del desaparecido “Gringo” Steimbach, y que actualmente tiene a su nieto Walter Ezequiel, agregó luego que “a los 12 años un vecino me pegó los primeros sopapos guanteando y desde ese momento supe que eso era lo que quería ser por el resto de mi vida”.

“A mis hijos nunca los obligué a hacer este deporte, pasa que me iban a ver a los entrenamientos, por ahí hacia guanteo pero como un juego, luego me miraban pelear, en la casa hablábamos de esto, así que se les fue pegando solitos”, comentó sobre sus ilustres herederos.

Desde su Esperanza natal, donde nació un 24 de Agosto de 1957, empezó a recorrer la ruta que la une a la ciudad de Santa Fe y en un gimnasio del lugar comenzó a codearse con personajes que con el tiempo forman parte de la leyenda misma del boxeo mundial: un tal Amilcar Brusa estaba quizás físicamente tan cerca de Mario Matthysse pero a la vez tan lejos, porque el maestro apenas si lo fichaba, ya que sus ojos y sapiencia estaban depositado en el monstruo que por ese entonces ya era y quien en definitiva terminó siendo el mejor boxeador de todos los tiempos, Carlos Monzón. 

“Don Amilcar era un prócer, obvio que ni me registraba, pero yo ya igual andaba por ahí; incluso a Monzón lo vi y lo conocí, pero siempre de vista, bien de lejos ja. Él y otros nenes ya eran figuras, y uno andaba apenas tratando de empezar. También es cierto que a esa edad, yo no tenía ni la real dimensión ni toda la noción de quiénes eran esos tipos”, acotó.

Un 23 de Enero de 1976, a los 16 años de edad, Matthysse debutó como amateur. Con una salvedad de acuerdo a estos tiempos: sin el cabezal. “En aquella época el amateur peleaba a cabeza limpia, encima era con guantes de 8 onzas y de cerda. Entonces por ahí había trampa, porque la cerda se rompía y terminabas pegando con los nudillos. Mi primera pelea fue en el Club Unión de Esperanza, ante Raúl Rolón de Rafaela y le gané por abandono en el tercer round”, repasó sobre aquel primer inolvidable pleito.

Realizó 33 combates en dicho campo, perdió el invicto en la pelea número 31 y se retiró del amateurismo con un triunfo por la vía rápida.

En el plano profesional estuvo por un lapso de 11 años, donde efectúo 58 duelos, ganando en 38 oportunidades (18 de ellas por nocaut), perdió en 13 ocasiones (1 por ko) y empató 7 veces. Debutó en el campo rentado el 1 de Noviembre de 1978 ante el oriundo de Concordia, Bernardo Narváez –en el paso del tiempo, toda una coincidencia del destino en el apellido, por dónde se vino a vivir y a quién conoció como campeonísimo en estas tierras- , a quien derrotó por puntos.

La despedida también fue victoria en fallo de los jurados, el 5 de Agosto de 1989, ante el chileno Felipe Carvallo.

Mario Matthysse resetea el chip de la memoria y cuenta que “vine a Trelew solamente para hacer una pelea, pero mi promotor de Santa Fe me retuvo mi licencia, así que me quedé. Fueron apareciendo peleas por acá y también por Chile, por eso acá estamos, muy trelewenses”, en otro agregado con final sonriente.

Un ídolo de la ciudad era el boxeador que iba a sorprender al santafesino. Gimnasio lleno, hasta con gente afuera, era lo que convocaba en cada festival Oscar Enrique “Zurdo” Sallago. “Me pusieron como semifondista del Zurdo, en un lugar que reventaba de gente. Y cuando lo vi pelear, siempre pensaba cómo lo pelearía si alguna vez me tocaba enfrentarlo, porque lo de él resultaba tan indescifrable como imprevisible, ya que tenía un estilo para nada ortodoxo pero, por la pegada, sumamente eficaz y que encima a la gente le encantaba. Un fenómeno Sallago”, subrayó  Matthysse.

El destino quiso que ambos estuvieran juntos y arriba del ring, tan solo en guanteos, en un preparatorio de una pelea de Sallago por el título argentino. “Ahí comprobé cómo pegaba, una maza en cada mano, tanto que los chichones me duraban semanas, como jamás me había pasado”, mencionó el hombre que ya está jubilado y que también mete horas como seguridad en eventos sociales.

A la hora de hacer un propio balance, el ahora entrenador “pero solo de boxeo recreativo o en la faz regenerativa, porque no me gusta enseñar para competir si no veo que le pongan ganas y no tengan dedicación”, explica, dice sobre su currículum que “entrenaba mucho, tenía buena técnica, buen boxeo, aunque quizás me faltó más decisión para lograr cosas más importantes. Además es cierto que en esa época había calidad en cantidad, había que tener algo de suerte, casarte con algún promotor, hubo un tiempo que prioricé a mi familia antes de un viaje o una pelea; pero no le echo la culpa a nadie ni a nada. Siempre me consideré un obrero del ring. Encima me atacaban unos bronquios que a veces no me dejaban respirar bien. Pero, repito, quizás no me lo propuse con más decisión y por eso no llegué más lejos. No tengo problemas en reconocerlo”, remarca con el paso del tiempo.

En el año 1983, agregó, fue la gran chance que menciona como desaprovechada, porque se trataba de ir a los Estados Unidos por un año, “pero tenía a mis hijos muy chicos y no quise viajar, pero no me arrepiento para nada, aunque hoy si volviera a suceder, lo haría sin dudar, porque son otros tiempos y con la tecnología que hay, se extraña menos”, finalizó recordando Mario Edgardo Matthysse.

Gentileza: Héctor Fabián Araneda (Nada Personal, Radio Sudaca 105.3). Edición: Edgardo Lillo: www.radio3cadenapatagonia.com.ar

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