La erupción volcánica ocurrió durante una tormenta de nieve a finales de mayo de 2023, generando un flujo piroclástico que permaneció invisible durante unos 10 días debido a las densas nubes.
Una vez que mejoraron las condiciones climáticas, los investigadores accedieron a las zonas de la cumbre del volcán y pudieron estudiar el evento.
Según la vulcanóloga Emanuela De Beni, del Observatorio del Etna del INGV, a pesar de la oscuridad causada por el mal tiempo, las estaciones de seguimiento vulcanológico funcionaron correctamente, enviando señales que indicaban la erupción.
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Una semana después, los investigadores se desplazaron a la zona para realizar sondeos con drones y mapear los productos erupcionados.
El análisis reveló una columna de ceniza de entre 10 y 15 kilómetros de altura, así como una fuente de lava. Este evento subraya la importancia de monitorear constantemente el volcán Etna, que es conocido por su actividad volcánica variable y potencialmente peligrosa.
FUENTE: DW.


