Astrónomos presentaron nuevas evidencias sobre el origen de los primeros agujeros negros supermasivos del universo tras analizar información inédita obtenida por el Telescopio Espacial James Webb. El estudio aporta una explicación más clara sobre los misteriosos “pequeños puntos rojos” detectados en el cosmos primitivo.
La investigación fue desarrollada por científicos del Centro de Astrofísica Harvard & Smithsonian y presentada durante la 247.ª reunión de la Sociedad Astronómica Americana, en Estados Unidos. Los resultados, publicados en el servidor científico arXiv, se basan en observaciones infrarrojas que permitieron superar las limitaciones de telescopios anteriores.
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Durante años, estos puntos rojos fueron objeto de debate, ya que aparecían como manchas compactas y rojizas en los confines del universo observable. La expansión del cosmos estira la luz emitida por estos objetos, dificultando su análisis y generando incertidumbre sobre su verdadera naturaleza.
El nuevo modelo propone que se trata de estrellas supermasivas extremadamente raras, carentes de metales y con un crecimiento acelerado, que alcanzan hasta un millón de veces la masa del Sol. Sus propiedades —una luminosidad extrema y una firma espectral particular— coinciden con los datos registrados por el Webb, lo que refuerza esta hipótesis.
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Según los investigadores, estas observaciones permiten presenciar los momentos finales antes del colapso de una estrella gigante y su transformación en un agujero negro. De confirmarse, el hallazgo representa una oportunidad única para observar, casi en tiempo real, el nacimiento de las semillas de los agujeros negros más masivos del universo temprano.
Fuente: Infobae.


