Simulaciones desarrolladas por científicos de la NASA y la Universidad de Chicago ofrecen la imagen más precisa hasta ahora de la atmósfera de Júpiter y aportan claves decisivas sobre su origen y la formación del sistema solar.
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Durante más de tres siglos, Júpiter ha sido objeto de fascinación para la astronomía, en gran parte por su turbulenta atmósfera y la imponente Gran Mancha Roja, una tormenta gigantesca que supera el tamaño de la Tierra. Sin embargo, lo que sucede bajo sus densas nubes ha permanecido como uno de los mayores enigmas del sistema solar. Un nuevo modelo computacional permitió ahora avanzar como nunca antes en la comprensión de su interior.
Un equipo de investigadores de la Universidad de Chicago y del Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA desarrolló la simulación más completa hasta la fecha de la atmósfera joviana. El principal hallazgo indica que Júpiter contiene aproximadamente una vez y media más oxígeno que el Sol, una cifra muy superior a las estimaciones previas, que sugerían niveles considerablemente más bajos. El estudio fue publicado en la revista científica The Planetary Science Journal.
Este resultado tiene implicancias profundas para entender cómo se formó el planeta más grande del sistema solar. La elevada concentración de oxígeno respalda la hipótesis de que Júpiter se originó más allá de la denominada “línea de nieve”, una región distante del Sol donde el agua y otros compuestos se congelan. En ese entorno, el hielo habría aportado grandes cantidades de oxígeno en forma de agua sólida, favoreciendo su incorporación durante el crecimiento del planeta.
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A diferencia de modelos anteriores, que analizaban por separado la química atmosférica y la dinámica de los fluidos, el nuevo enfoque integró ambos procesos. De este modo, los científicos pudieron simular con mayor precisión cómo el agua, las nubes y los distintos compuestos químicos se desplazan lentamente desde las profundidades calientes hacia las capas superiores más frías de la atmósfera.
Otra sorpresa fue la velocidad de esta circulación interna: el modelo indica que los movimientos de gases y partículas son entre 35 y 40 veces más lentos de lo que se creía. Esto implica que procesos que antes se estimaban en horas podrían, en realidad, extenderse durante semanas, modificando de forma sustancial la comprensión de la dinámica interna del planeta.
Júpiter es un mundo extremo, sin una superficie sólida definida, compuesto por gases y líquidos sometidos a presiones y temperaturas capaces de destruir cualquier nave que intente descender demasiado. Misiones como Galileo y Juno permitieron estudiar sus capas superiores, donde se detectaron compuestos como amoníaco, metano y monóxido de carbono, pero las regiones profundas siguen siendo inaccesibles para la exploración directa.
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Según los investigadores, comprender la distribución del oxígeno y del agua en Júpiter convierte al planeta en una verdadera cápsula del tiempo del sistema solar. Las huellas químicas conservadas en su interior ofrecen pistas sobre las condiciones que existían durante los primeros millones de años tras la formación del Sol, y ayudan a reconstruir la historia temprana de los planetas.
Estos avances no solo permiten descifrar uno de los mayores misterios de Júpiter, sino que también aportan información clave para entender cómo se forman los sistemas planetarios y orientar la búsqueda de mundos potencialmente habitables más allá del nuestro.
Fuente y foto: DW


