Un estudio reciente sugiere que no elegían a sus víctimas al azar y apunta a conflictos entre grupos como posible causa.
Un nuevo trabajo publicado en la revista Scientific Reports vuelve a poner en debate una práctica inquietante en la evolución humana: el canibalismo entre neandertales. La investigación no solo confirma su existencia, sino que propone que estas conductas respondían a patrones específicos y no eran aleatorias.
El análisis se centró en restos óseos hallados en la cueva de Goyet, en Bélgica, con una antigüedad superior a los 40 mil años. Los investigadores identificaron marcas de cortes, fracturas y extracción de médula, señales típicas de procesamiento similares a las observadas en animales cazados.
Uno de los hallazgos más relevantes es que los individuos analizados no pertenecían al mismo grupo local, sino que provenían de otras zonas cercanas. Este dato, obtenido a partir de estudios isotópicos, refuerza la hipótesis de que se trataba de prácticas de exocanibalismo, es decir, dirigidas hacia miembros de otros grupos.
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En total, se estudiaron más de 100 restos, que correspondían a una población reducida y vulnerable, compuesta principalmente por mujeres jóvenes, un niño y un lactante. Esta composición llevó a los investigadores a plantear que existía una selección específica de víctimas.
Según los autores, este comportamiento podría estar vinculado a conflictos entre comunidades o a estrategias para reducir la competencia en contextos de presión demográfica. Incluso se sugiere que la expansión del Homo sapiens pudo haber intensificado estas tensiones en el Pleistoceno tardío.
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“El caso de Goyet representa la evidencia más convincente hasta la fecha de la competencia intergrupal entre las poblaciones neandertales”, señala el estudio, que vincula estos episodios con dinámicas de supervivencia y disputa territorial.
Por otro lado, los investigadores también recordaron que el canibalismo no era exclusivo de los neandertales. En distintas etapas, grupos de Homo sapiens también practicaron estas conductas, aunque en algunos casos asociadas a rituales o prácticas funerarias, más que a la necesidad alimentaria.
Con información de WIRED.


