En un contexto global dominado por el ruido urbano y la sobreestimulación, los llamados parques sonoros naturales emergen como refugios imprescindibles. Quiet Parks International (QPI), organización liderada por el ecologista acústico Gordon Hempton, se encarga de identificar y certificar estos espacios donde la naturaleza aún se puede escuchar sin interrupciones humanas.
El impacto del ruido en la salud es significativo: aumenta el estrés, la presión arterial y provoca alteraciones del sueño. Pero también afecta a los ecosistemas: muchas especies animales ven alterados sus comportamientos y ciclos de vida por la contaminación acústica. Por eso, la misión de QPI no se limita a los humanos: también protege la biodiversidad.
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En 2020, se certificó el primer Parque Urbano Tranquilo del mundo: el Parque Nacional Yangmingshan, en Taiwán. Con sus montañas, aves endémicas y aguas termales, se convirtió en un oasis de 111 km² en medio de la bulliciosa Taipéi. La organización apunta ahora a certificar espacios similares en ciudades como Nueva York, París y Brisbane.
Además de los parques urbanos, existen los Parques Silenciosos Naturales. En 2024, la Reserva de NambiRand, en Namibia, se convirtió en el primero en África con más de 200.000 hectáreas libres de ruido humano. También destacan el Parque Nacional Olympic (EE. UU.), el cráter Haleakalā (Hawái), la Reserva Río Clarillo (Chile) y áreas en Canadá y Polonia.
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Certificar uno de estos parques no es tarea sencilla: requiere monitoreos acústicos periódicos y el compromiso de mantenerlo a salvo de la invasión sonora. En un mundo que no para de hablar, estos sitios permiten —literalmente— escuchar el silencio.
Fuente: Clarín.
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