La sequía extrema en el noroeste de Kenia ha devastado el ganado y dejado a los habitantes de Mandera luchando por agua y alimentos. Familias han tenido que arrastrar y quemar animales muertos para mantener alejadas a las hienas y reducir el olor a descomposición.
Más de dos millones de personas en 23 condados kenianos enfrentan inseguridad alimentaria, mientras nueve condados, incluida Mandera, están en alerta máxima por escasez de agua. Rebaños de vacas, cabras y camellos deben caminar hasta 30 kilómetros para acceder a los pocos estanques disponibles, donde el agua es racionada. “En dos semanas el agua se acabará… estamos en pésima situación”, declaró Aden Hussein, residente local.
El hospital de Banissa reporta la llegada de niños gravemente desnutridos, algunos provenientes de Etiopía. La leche de camello y cabra escasea, y solo ocho latas de leche terapéutica quedan para atender a 200.000 personas. “Nuestros niños serán los próximos que van a morir”, advirtió Bishar Maalim Mohammed, residente de Tawakal.
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El gobierno keniano, junto con organizaciones como la Cruz Roja y el Programa Mundial de Alimentos, ha intensificado el transporte de agua, asistencia alimentaria y ayuda económica, pero los esfuerzos no alcanzan a cubrir la demanda. La próxima temporada de lluvias, si llega, no se espera hasta abril.
La crisis humanitaria refleja la gravedad de la sequía en la región del Cuerno de África, donde entre 20 y 25 millones de personas en Kenia, Somalia y Etiopía requieren asistencia urgente para sobrevivir a la escasez de agua y alimentos.
Fuente: RFI.
Foto: Tony KARUMBA / AFP.


