“Un poco más”, contestó cuando se le preguntó si era bostero, como su padre Raúl.
“Hace poco me di el gusto de estar en La Bombonera”, refrendó.
Ya metido en el menester de la charla, señaló que «al ser tres disciplinas, a veces hay factores externos que influyen. El domingo me pasó que pinché dos cámaras antes de largar, estaba en duda, hasta que me prestaron una rueda y pude largar. También te puede pasar algo dentro del agua como un calambre o descompostura. Nunca hay que dar nada por hecho, aunque siempre me preparo de la mejor manera esté quien esté, por ahí tengo otros objetivos, pero siempre trato de estar en el Patagónico».
«Siempre tengo aspiraciones a más, no me conformo con lo que voy haciendo, quiero llegar un poco más lejos, es el hambre que siempre tengo», aseguró.
«Hoy sueño con estar en un nuevo medio Iron Man o Iron Man, no quiero ser reiterativo o quedar como un llorón, pero mi realidad es que no estoy pudiendo viajar por lo económico, pero igual me preparo de la mejor manera y soñando en grande», anheló Seba.
“Si vas solo a competir afuera te gastás un millón y medio en un fin de semana, un auto usado, y no es redituable porque te dan la medalla, el kit del corredor, salí en el diario del lunes y listo, el martes ya tenés que volver a entrenar”, dimensionó sobre las dificultades económicas.

Esto sin contar lo que un deportista gana en el proceso de entrenamiento: “yo tengo una beca de 10 mil pesos que hace tres meses no la cobro, en la pileta puedo nadar sin que me cobren, uno corre al aire libre, pero la semana pasada me compré zapatillas, costaron 120 mil pesos y duran cuatro meses, el traje de neoprene ya está desgastado, pero todavía no lo puedo cambiar. Ahora un poco más maduro no me fijo demasiado en esas cosas, trato de seguir para adelante y creyendo que las cosas van a salir mejor porque si no te quedás en tu casa y no lo hacés más”.
“Tengo una bicicleta 2015 y estamos casi en el 2023 y el material ha cambiado, las de ahora son más livianas y ruedan mejor. Y cuando uno está al mismo nivel, esas cosas se notan. Por eso es importante tener un apoyo que hoy no lo tengo, pero no nos quedamos, siempre me levanto con muchas ganas de entrenar y de hacer lo mejor que pueda”, sostuvo.
“Mis viejos son incondicionales y somos una familia que amamos el deporte en general, ahora mi viejo está de viaje, pero está apurado por volver para acompañarme en la próxima carrera, por ahí se vuelve loco por acompañarme, tener ese apoyo es fundamental. Yo estoy viviendo en Playa Unión, pero paso todas las tardes en Trelew. Y siempre mi vieja preguntándome que voy a comer, si tengo plata, que tengo de entrenamiento. Y eso te hace sentir bien”, valoró.
“Lo que viene es el triatlón híbrido en Rada Tilly, apuntamos a estar en todas las competencias locales hasta que mejoren las cosas y pueda viajar”, insistió.
“Empecé a nadar de grande, y es un tema, arranqué a los 16 años con el afán de ser guardavida en el Natatorio Municipal que ahora me auspicia. En su momento me dijeron que no había más cupos y que para seguir nadando tenía que anotarme en la Escuela de Triatlón que tenía a cargo Mauricio Mazo, y ahí empecé, pero me cuesta mucho. Sin dudas que me siento más cómodo en el pedetrismo”, recalcó.

“El año pasado debuté en el maratón con 2 horas, 35 minutos, en la altura de Mendoza. Preparamos la carrera tres meses para no descuidar la bici ni la natación, ese día encima nos tocó un día de 40 grados de calor y en esas carreras no te permiten acompañantes y era hidratarse en cada puesto de agua, lo sentí en el kilómetro 38, me deshidraté un poco, tuve un pequeño calambre, aunque me dejó seguir, venía para un poco menos, pero para ser un debut estuvo bien. Fue más que nada para disfrutarlo y ver cómo era, porque muchas veces lo había visto desde afuera, acompañarla en mi vieja en bici o haber visto a ustedes u otros grandes atletas del Tres Ciudades, veía como en el 30 o 35 empezaban a sufrir la carrera y por eso quería llegar bien preparado y con Peto (por su entrenador Ruperto Ruiz) hicimos una gran preparación», precisó.
«Había entrenado para el Maratón de Adidas, pero un mes antes sufrí una lesión en el tendón de Aquiles que me tuvo 40 días parado, se inflamó la vaina del tendón. Lo bueno es que tenía dolor y el kinesiólogo me explicaba que si pasa eso no se iba a cortar, hubiera sido lo peor. Me había anotado antes, tenía los pasajes de avión y quedó todo en la nada, pero la prepararemos para el año que viene», lamentó y al mismo tiempo redobló la apuesta.
«Peto es fundamental porque aprendo mucho, para mí es uno de los mejores entrenadores porque está todo el tiempo actualizado. Nosotros ahora estamos trabajando con un método que se llama Zona 1, con un 80 por ciento de entrenamiento suave y un 20 por ciento a máxima velocidad (VO2 max) y nos ha dado grandes resultados”, destacó además.
“Tengo el privilegio de ser compañero de equipo de Gerardo Haro, así que siempre salimos a trotar juntos o hacemos las pasadas juntos, y nos ayuda a mejorar a cada uno. Y lo estoy disfrutando mucho más”, enfatizó.
Con 35 años, Sebastián Arrative es papá de una nena de 12 años: “ahora se va a Campeonato Nacional de Natación, pero también se está dedicando al triatlón, es un orgullo que sea el reflejo. En un momento me dijo que nunca iba a ser tria, pero el año pasado en Madryn quiso correr y el fin de semana que pasó también, aunque no nadaron porque no había guardavidas, hicieron duatlón y anduvo muy bien”, resaltó en el final.


