El Ministerio de Defensa de Siria anunció que asumió el control de la base de Al Shaddadi, ubicada en las afueras de Hasaka, en coordinación con fuerzas de Estados Unidos. La medida se produce en un contexto de repliegue militar estadounidense y de reconfiguración de alianzas en la región.
La instalación formaba parte del despliegue de la coalición internacional contra el Estado Islámico y albergaba tropas norteamericanas junto a fuerzas locales. En el complejo también funcionaba una prisión donde milicianos del grupo yihadista permanecían detenidos bajo custodia kurda antes del reciente avance de las fuerzas gubernamentales sirias.
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Días atrás, Washington había confirmado la retirada de sus efectivos de la base de Al Tanf, enclave estratégico cercano a las fronteras con Jordania e Irak. Ese movimiento marcó un giro en la presencia militar estadounidense en territorio sirio, luego de años de apoyo logístico y operativo a las milicias kurdas en la lucha contra el EI.
Tras la caída del expresidente Bashar al Asad a fines de 2024, la administración estadounidense inició un acercamiento con las nuevas autoridades en Damasco y revisó su vínculo con las Fuerzas Democráticas Sirias, que habían sido su principal socio en el terreno durante la ofensiva que culminó con la derrota territorial del Estado Islámico en 2019.
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El traspaso de la base de Al Shaddadi consolida así un nuevo escenario en el noreste sirio, con mayor presencia institucional del gobierno central y una reducción progresiva del despliegue militar estadounidense, en medio de un delicado equilibrio regional.
Fuente: DW.


