El café, una de las infusiones más consumidas en el mundo y parte habitual de la rutina de millones de personas, vuelve a estar en el centro del debate científico. Esta vez, no por sus efectos estimulantes, sino por un hallazgo inesperado: podría ayudar a frenar el envejecimiento celular en personas con trastornos mentales graves. Así lo señala una investigación noruega publicada en la revista BMJ Mental Health, que analizó a más de 400 adultos con diagnósticos psiquiátricos severos.
El trabajo, realizado en el marco del estudio TOP (Thematically Organized Psychosis), descubrió que quienes consumían entre tres y cuatro tazas de café por día presentaban telómeros más largos. Estas estructuras, ubicadas en los extremos de los cromosomas, funcionan como un marcador de la edad biológica. Los participantes con consumo moderado mostraban una “edad celular” hasta cinco años menor que quienes casi no tomaban café.
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Los investigadores explicaron que este beneficio podría estar relacionado con los antioxidantes presentes en la infusión, como el ácido clorogénico y otros compuestos antiinflamatorios capaces de reducir el estrés oxidativo. Se trata de dos mecanismos conocidos por acelerar el desgaste celular, especialmente en pacientes con esquizofrenia, trastorno bipolar o depresión mayor, que suelen presentar un envejecimiento biológico más rápido que la población general.
Sin embargo, el estudio señaló un límite claro: los beneficios se observan únicamente hasta las cuatro tazas diarias. Superar esa barrera —equivalente a unos 400 mg de cafeína— podría provocar el efecto contrario. De hecho, quienes consumían cinco tazas o más mostraban mayor estrés oxidativo, telómeros más cortos y, en muchos casos, hábitos asociados como tabaquismo o mayor edad.
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Aunque la evidencia es alentadora, los especialistas advierten que el trabajo es de carácter observacional y no prueba causalidad. Aun así, abre una línea de investigación relevante para un grupo de pacientes que, según datos internacionales, vive en promedio 15 años menos. En este contexto, el café —un hábito extendido y accesible— podría transformarse en una herramienta complementaria de cuidado, siempre dentro de las dosis recomendadas por las autoridades sanitarias.
Fuente: Infobae.


