El 15 de septiembre se conmemora el Día del Productor Lanero, una fecha que reconoce la labor de los más de 7.500 productores y familias que mantienen viva la tradición ovina en la Patagonia.
A pesar de la crisis que atraviesa la ganadería ovina a nivel regional y mundial, la producción de lana sigue siendo un motor económico y cultural de la región. La lana fina, especialmente valorada en el mercado de prendas de alto valor, compite con fibras como el algodón y los sintéticos de rápida rotación.
El Polo Textil Lanero de Trelew concentra gran parte de la actividad industrial, permitiendo exportar lana sucia o procesada a destinos como China y la Unión Europea. En palabras de un especialista del INTA Patagonia Sur: “El desafío es producir una lana fina, uniforme y libre de contaminantes, que cumpla con los estándares de calidad internacionales”.
MIRÁ TAMBIÉN: Argentina renueva contrato clave con abogados en EE.UU.
Australia sigue siendo el referente global, produciendo lanas merino de 18,6 micrones promedio, y fijando parámetros clave como el coeficiente de variación del diámetro, largo de fibra y resistencia a la tracción, características que impactan en la industrialización del hilado.
El sector propone prácticas sostenibles, como la esquila PROLANA, manejo sanitario y alimenticio adecuado, selección genética de las majadas y certificaciones de calidad como RWS o lanas responsables. Estas acciones permiten mejorar la competitividad internacional y la imagen de la lana patagónica.
Para garantizar la sostenibilidad, los productores buscan combinar la producción de lanas finas con la de carne, fortaleciendo la actividad ovina en la región. La articulación público-privada es clave para posicionar las lanas patagónicas en mercados nacionales e internacionales, diferenciándose por calidad, ética y tradición.
Fuente: INTA.


